Mtro. Luis Enrique Cruz Rodríguez
Miembro del Comité de Planeación
Colegio de Ingenieros Civiles de México A.C.
Actualmente, al igual que muchas otras naciones en el mundo, México tiene como gran reto el cubrir una brecha importante de infraestructura. Si bien la brecha se debe a la atención rezagada durante varios años, ésta se ha incrementado debido al entorno global existente (e.g., la restructuración de la producción y del comercio internacional, el avance de las nuevas tecnologías, la vulnerabilidad climática, entre otras). Ante esto, México debe avanzar en su infraestructura a un nivel mayor. De no hacerlo, corre el riesgo de tener impactos desfavorables en productividad, desarrollo y sobre todo, en el bienestar de los mexicanos.
La infraestructura tiene la característica inherente de ser intensiva en capital en todo su ciclo de vida: requiere recursos no sólo para su construcción, sino también para su planeación, diseño, operación y mantenimiento. Esta característica tiende a tensionar las finanzas públicas. Ante un espacio fiscal limitado, como es el caso de México, modelos donde el Estado sea el único inversionista en infraestructura resulta insuficiente para atender la demanda al ritmo requerido para satisfacer todas las necesidades e impulsar el desarrollo del país.
Ante esta realidad, una alternativa es impulsar la participación del sector privado. Aunque este sector suele participar como contratista, se requiere que también asuma el rol de socio financiador, desarrollador, operador, y sobre todo, asumiendo algunos riesgos de común acuerdo con el Estado. Este es precisamente el enfoque del modelo de las inversiones mixtas, en donde el privado participa en todo el ciclo de vida del proyecto asumiendo los riesgos que le correspondan. A cambio obtiene rendimientos a través de pagos por desempeño de los servicios que presta y eventualmente, si las políticas gubernamentales lo permiten, del cobro directo a usuarios. En cualquier caso, un esquema de inversiones mixtas bien estructurado permite desarrollar proyectos de largo plazo, optimizar el uso de recursos públicos y multiplicar el desarrollo y bienestar.
El esquema de inversiones mixtas no es un modelo nuevo. Se ha utilizado desde finales del siglo XX en países pioneros como Reino Unido, extendiéndose por la Unión Europea, América Latina, Asia, e incluso en Canadá y Estados Unidos. Este esquema ha evolucionado y mejorado continuamente dado los aprendizajes de proyectos exitosos y fallidos. De hecho, en la actualidad hay una creciente aplicación mejorada de este modelo en cada vez más países.
En México, el esquema de inversiones mixtas también ha sido utilizado antes. Proyectos emblemáticos han resultado en un gran éxito en sectores como transportes, energía y agua, aunque también ha habido varias lecciones que invitan a mejorar el esquema, sobre todo en ciertos tipos de infraestructura, lo cual hizo que se pusiera en pausa.
En el marco del Plan México, el Poder Ejecutivo anunció el pasado 3 de febrero de 2026 el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030, el cual tiene como objetivo realizar una inversión histórica de $5.6 billones de pesos para 2030. Como parte importante de este Plan se encuentra precisamente el uso de inversiones mixtas.
Los detalles del Plan están aún por anunciarse. No obstante, los pilares anunciados dejan claro que se busca crear nuevos vehículos de inversiones mixtas, con un marco legal armonizado, que permita la inversión privada bajo la rectoría del Estado.
Para que el Plan de Inversión logre transformar la infraestructura del país, sería conveniente considerar los siguientes elementos:
1. Implementar planeación de largo plazo. No basta con enfocarse en la identificación de necesidades insatisfechas. Es importante que se establezca un proceso formal de planeación para la identificación continua de proyectos, teniendo visión y objetivos claros y de largo plazo hasta el año 2050.
2. Determinar viabilidad de los proyectos. Cada proyecto debe contar con estudios robustos. En esquemas mixtos de inversión, es indispensable realizar análisis de prefactibilidad técnica y de valor por dinero que determinen si el proyecto realmente genera los beneficios necesarios y valor al sector público y privado.
3. Gobernanza con certidumbre. Un marco legal transparente y operativo es fundamental. Debe incluir mecanismos claros de solución de controversias, prevenir y evitar conflictos de interés, y contar con reglas explícitas de renegociación, compensación y terminación satisfactorias para ambas partes. Gobernanza con certidumbre reduce las primas de riesgo y mejora la bancabilidad.
4. Diseñar procesos transparentes y competitivos. Para atraer una base amplia y diversa de desarrolladores, constructores, operadores y financiadores (incluyendo la banca de inversión, fondos especializados e inversionistas institucionales), los procesos de licitación y contratos deben ser transparentes, con diálogo temprano con el mercado financiero para validar su estructuración. Asimismo, debe haber calendarios bien planeados que eviten sobresaturar el mercado y permitan preparar ofertas de alta calidad. Una buena competencia reduce costos y evita el acaparamiento en pocos jugadores.
5. Generar especialidades en las agencias contratantes. Las inversiones mixtas son altamente complejas y requieren capacidades técnicas, financieras, legales, sociales y de gestión. Las agencias contratantes deben desarrollar equipos especializados y permanentes para administrar estos esquemas. Participación de agencias que ya hayan estructurado este tipo de esquemas, como la banca de desarrollo, es indispensable.
6. Incentivar proyectos riesgo-demanda. En proyectos en los que se identifique una demanda robusta y medible, podría ser conveniente que el privado tome el riesgo-demanda. Esto liberaría espacio fiscal al sector público.
Implementar el Plan de Inversión requiere un marco jurídico que lo respalde. Aunque el Gobierno de México ha dicho que se promulgará una nueva ley para inversiones mixtas, es conveniente considerar que ya existe un marco legal que regula estos esquemas desde hace tiempo, el cual puede ser perfectible. Quizás lo más eficiente sería aprovechar y mejorar la normativa vigente, en lugar de reinventar el hilo negro. ¡Lo esencial es contar con reglas claras!
El bienestar de los mexicanos depende en gran medida de contar con infraestructura moderna, resiliente y suficiente. Postergar esta agenda no es conveniente. Tanto el sector público como el privado parecen tener una visión alineada, por lo que mediante su colaboración estrecha en la inversión será posible detonar el desarrollo del país.

