Bono catastrófico como transferencia del riesgo sísmico y los sismos de 2017

Colegio de Ingenieros Civiles de México

Por Miguel Ángel Jaimes

El crecimiento y expansión de la población del país ha llevado a un aumento de la infraestructura. Con el incremento de la infraestructura, el número de activos expuestos a los peligros también aumenta, por lo que los desastres naturales tienen un efecto importante en la calidad de vida al cambiar el nivel de funcionalidad de la infraestructura como viviendas, escuelas, hospitales, red de agua potable y alcantarillado entre otros. Particularmente estos elementos de la infraestructura han sufrido pérdidas considerables durante eventos sísmicos, como el sismo magnitud Mw8.1 del 19 de septiembre de 1985 o los eventos ocurridos hace casi 4 años, los días 7 y 19 de septiembre de 2017 de magnitud Mw8.2 y Mw7.1, respectivamente, donde un importante número de construcciones sufrieron daños severos provocando pérdidas socioeconómicas, perturbaciones en la vida normal de la sociedad y, lo que es más importante, pérdidas de vidas humanas. Debido al impacto significativo en la población y el país por los sismos, la transferencia de la totalidad o una parte del riesgo sísmico ha sido una prioridad, a pesar de que los sismos no ocurren con tanta frecuencia como otros fenómenos naturales relacionados con los desastres. Uno de varios mecanismos de transferencia de riesgo existentes es usando bonos catastróficos, más conocido como CAT bonds. Estos bonos pueden ser utilizados por los gobiernos como un instrumento de financiación de riesgo en países expuestos a peligros naturales tales como sismos, huracanes entre otros para proporcionar suficiente capital a los pocos días de un desastre para la respuesta de emergencia, así como para reparar una parte de la infraestructura pública y ayudar a los ciudadanos de escasos recursos. Estos bonos se plantean como instrumentos financieros diseñados para que los gobiernos puedan reducir su vulnerabilidad financiera, cediendo el riesgo de pérdidas al capital a través de los inversionistas, asegurando capital suficiente posterior al desastre. La ganancia que reciben los inversionistas se calcula considerando el riesgo estimado y ciertas características cuantificables del evento, como la magnitud y ubicación hipocentral del evento para el caso del sismo. Pero la pregunta es: ¿cómo fue la experiencia reciente de este instrumento financiero CAT bond en la transferencia de una parte del riesgo sísmico en el país en los sismos de 2017? ¿podemos confiar en estos instrumentos? ¿qué se puede hacer mejor?.

Para responder esto comparemos concisamente las pérdidas y daños debido a la ocurrencia de los dos recientes eventos sísmicos de los días 7 y 19 de septiembre de 2017, y como anduvo el CAT bond. El primer evento, fue un sismo tan grande que no se había registrado en el último siglo en el país. Aunque este evento ocurrió a unos 700 km de la Ciudad de México, lamentablemente perdieron la vida 98 personas, hubo más de 1’200,000 personas afectadas y cerca de US$2,400 millones de dólares en pérdidas, esto es cerca de 0.21% del PIB en 2017. Este evento del 7 de septiembre tuvo una magnitud de Mw8.2, por lo que los parámetros del sismo de magnitud (magnitud mayor que 7.8) y ubicación hipocentral en la zona contratada fueron suficientes para detonar el pago total del bono de acuerdo con la agencia certificadora. Esta fue la primera vez en una docena de años que el país obtuvo la cobertura completa, esto es US$150 millones de dólares para la protección paramétrica contra terremoto. Sin embargo, un segundo evento sísmico ocurrió menos de dos semanas después, este es el sismo del 19 de septiembre de magnitud Mw7.1, ubicado a unos 120 km al sureste de la Ciudad de México, que azotó severamente a la ciudad, así como poblaciones de los estados de Morelos y Puebla, pero desafortunadamente el país dados los parámetros del evento (nuevamente magnitud e hipocentro) esta vez no detonó el pago del bono, así como el primer evento ya había abarcado toda la cobertura. Este segundo evento, aunque con una magnitud menor, provocó enormes pérdidas económicas de US$6,200
millones de dólares, esto es aproximadamente el 0.54% del PIB en 2017, además de 369 víctimas y más de 2’500,000 personas afectadas.

Al comparar las pérdidas y daños de estos dos eventos sísmicos, se puede notar que el primer evento (Mw8.1) que detonó el pago del CAT bond representó casi el 40% de las pérdidas del segundo evento (Mw7.1). Este hecho refleja que un sismo dada solamente su magnitud e hipocentro por sí solo, no necesariamente puede estar correlacionado con las pérdidas y daños que provoca un evento natural, por lo que los parámetros del CAT bond de primera generación pueden ser inadecuados y deben ser mejorados. Además, esto resalta la necesidad que se realicen estudios de investigación que consideren la complejidad de modelamiento e incertidumbres del fenómeno sísmico, así como utilizar tecnología mejorada que permite una representación más realista de peligro sísmico que eran computacionalmente inviables para modelar en el pasado. Esos estudios de investigación deben incorporarse en el desarrollo de mejores instrumentos financieros de riesgos catastróficos como podría ser un CAT bond de segunda generación para el país, el cual use registros sísmicos o inferencias de intensidades sísmicas como la aceleración del suelo u otro para definir umbrales de disparo del bono. Estos esfuerzos ayudarían a proteger de manera más efectiva de impactos adversos de eventos sísmicos a la infraestructura y a los ciudadanos y su patrimonio, a través de ceder (transferir) una parte del riesgo sísmico.
 

Secretario del Comité Técnico de Resiliencia de la Infraestructura del CICM

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