Hasta hace un par de meses, las críticas que leía o escuchaba sobre su obediencia sumisa para darle continuidad a las políticas de López Obrador, por absurdas que fueran, le causaban gracia. Incluso, si venían de los llamados adversarios, las consideraba un halago. Pero los tiempos han cambiado y ahora tiene rato que sí le calan.
A la presidenta Sheinbaum le sobran motivos para estar molesta. Uno de los principales es que la parte administrativa de su gobierno no está en sus manos sino que continúa bajo control de los tentáculos de los hijos del expresidente. Las fuentes me mencionan dos casos concretos: la Ciudad de México y el Estado de México. En el primero no ha podido remover a Juan Pablo de Bottom como secretario de Finanzas. Él le reporta antes a Andy López Beltrán que a la propia jefa de gobierno, Clara Brugada. En el segundo, la decadencia de la gobernadora Delfina Gómez por motivos de salud ha dado carta abierta a Horacio Duarte y a los juniors quienes verdaderamente mueven los hilos en presupuestos, cargos y hasta negociaciones para mantener la estabilidad con los personajes más oscuros que se esconden en las sierras.
En el SAT pasa lo mismo. Desde hace meses, la Presidenta tiene listo al relevo de Antonio Martínez Dagnino, otro amigo de los López Beltrán, pero el espiral caótico de grillas le impide dar el manotazo y ahí radica la frustración. A la Presidenta le molesta de sobremanera, y lo ha expresado en varias ocasiones, la voracidad de ese grupo. Hace énfasis en que es injusto que le peguen las esquirlas de los escándalos cuando ni ella ni su esposo ni sus hijos están haciendo negocios con el gobierno. La última petición que les mandó decir es que de una buena vez dejaran de manosear el negocio de las medicinas y envió a Eduardo Clark, subsecretario de atención en Salud, como su hombre de confianza.
Qué decir de la comunicación social ampliamente abordada en esta columna en las dos más recientes entregas. Los peores problemas han sido cortesía de la dupla Jenaro Villamil-Jesús Ramírez Cuevas. En Pemex la disputa está a muerte entre la gente dejada por el agrónomo Octavio Romero Oropeza, quien fue director con López Obrador, y la gente de Víctor Rodríguez, el actual, más la gente de Luz Elena González, secretaria de Energía. Y así podríamos ir oficina por oficina.
Las herencias incómodas, por fin, le parecen una carga y la tienen de malas. Pero hay una buena noticia. Depende de ella decidirse a quitárselas.
Stent:
Como lo de Andy nomás no prende para la diputación federal y lo de Andy nomás no prende para la Ciudad de México, ya pusieron sobre la mesa otra idea: aventarlo como candidato al gobierno de Tabasco. Qué difícil ganar ahí. Morena no la pierde ni aunque pongan a Hernán Bermúdez Requena, el narcosecretario de Adán Augusto y líder de la barredora que está preso en el Altiplano.
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