Esta semana conocimos que Marcelo Ebrard mandó a su hijo Patrick Marcelo a vivir en la residencia de la embajada de México en Londres, entre octubre de 2021 y abril de 2022, gracias a una investigación que presenté en estas páginas y en el noticiero a mi cargo en Latinus. Una de las preguntas de la audiencia y que a lo largo del proceso cuestioné a las fuentes es ¿por qué lo supimos hasta ahora, cuatro años después? La respuesta apunta a dos vertientes. La primera es que solo un círculo muy íntimo de Londres estuvo enterado del invitado y la segunda es que en ese mismo círculo, como en la cabeza de Ebrard padre, nunca les pareció un asunto grave que constituiría el delito de peculado al desviar recursos del Estado para un particular.
El segundo silencio a analizar es el de la presidenta Claudia Sheinbaum. Frente a ella, en Palacio Nacional y en plena mañanera, Ebrard reconoció el jueves lo publicado en la nota, como lo había hecho dos días antes cuando lo busqué para tener su versión. Pero añadió una frase letal para él mismo, indigna de un funcionario de su calibre y recorrido político: “no veo abuso”. Ebrard pudo haber contenido fácilmente los daños si aceptaba el error y ofrecía resarcirlos a través de los órganos internos de control. Pero su respuesta ahora obliga a que tan pronto la presidenta Sheinbaum regrese de España tenga que fijar una postura. Se confesó un delito a su costado.
El tercer silencio a analizar es el de la exembajadora Josefa González Blanco, quien no debería pasar al segundo plano en la rendición de cuentas. No olvidemos que además de a Ebrard junior, también hospedó a Ashen Page, hijo de Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin, debido a una profunda cercanía con la mamá del joven, Jimena Gómez Paratcha. González Blanco también debe explicar por qué Ashen realizaba videos de los eventos en la embajada que luego eran difundidos en redes y si además recibía remuneraciones por ello. Otra explicación pendiente es por qué su mano derecha, Fernando Gutiérrez Champion, continuó utilizando las instalaciones de la residencia como bodega personal ante su salida con la llegada de Alejandro Gertz Manero como embajador.
El cuarto silencio a analizar es el del recién estrenado secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco. Meritorio del nombramiento, producto de un recorrido importante, especialmente en la relación México-Estados Unidos, uno esperaría que dé una respuesta de altura y que sus vínculos laborales con Ebrard no lo nublen. Adicional, Velasco tiene que llegar a poner orden y recuperar el prestigio de una cancillería que se cae a pedazos producto de las rivalidades internas y los enfados bien justificados de los integrantes del Servicio Exterior Mexicano que han visto pisoteada su trayectoria por pagos de compromisos políticos.
Y por último, el quinto silencio. El de los morenistas en general. No solo los radicales del partido que se consideran anti-Ebrard. También el de los moderados que lo valoran como el mejor funcionario que integra las filas de este gabinete y del pasado. Ambos bandos lo han dejado solo porque no hay cómo defenderlo. Y no deja de ser revelador que las cuentas y los perfiles en redes que suelen reaccionar con furia ante lo publicado por “los medios opositores”, ahora funcionaron como promotores de la nota.
Stent:
Ha habido más huéspedes en otras sedes y en otros momentos. Lo de Londres será un juego de niños, cuando salgan los demás nombres. Próximamente…
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