La semana pasada ocurrió lo que podría ser un punto de inflexión en la vida política nacional. Los partidos opositores, en un bloque verdaderamente unificado, con un 100% de asistencia, armados de argumentos sólidos y un amplio respaldo ciudadano, por primera vez en el sexenio lograron devolverle a la Cámara de Diputados su lugar como contrapeso y poder independiente, rechazando una de las iniciativas más importantes (y perjudiciales) del oficialismo, la llamada “ Reforma Eléctrica ”.

Más allá de reiterar los daños que esta propuesta hubiese significado para la economía nacional y el bolsillo de las personas –lo cual ya han explicado diversos especialistas–, me interesa detenerme en las consecuencias políticas de esta votación.

Quizá lo más destacado es que este episodio consiguió renovar un puente de confianza y diálogo entre las oposiciones partidistas y las oposiciones ciudadanas. Dada su relevancia, la discusión y votación de la reforma consiguió mantener una atención inusitada para una transmisión en el Canal del Congreso, por ejemplo. Pero más allá de lo anecdótico del tema, esto debe verse con buenos ojos: representa un cambio importante en lo que los politólogos llaman cultura política ; es decir, los comportamientos y actitudes de los ciudadanos frente a su sistema político.

En este sentido, la victoria contra la nociva reforma dio un paso trascendental, pues implica una mayor atención y exigencia de los ciudadanos sobre las y los legisladores. En adelante, no sólo en este, sino en otros temas, podrá observarse que la ciudadanía exige que se cumpla con mayor claridad el mandato de ser una oposición responsable.

No hay que caer en triunfalismos: aún falta mucho trabajo por hacer y mucha confianza por crear, pero las bases están puestas. Ideas como que “todos son iguales”, que “no hay alternativas”, que “al final van a doblar a la oposición” o que “ Morena es invencible” empiezan a derrumbarse. Al contrario, la expectativa de que una alianza opositora, con respaldo ciudadano, tiene posibilidades de ser contrapeso real y de ganar elecciones, es hoy más fuerte que nunca, y no sólo como esperanza, sino con base en hechos concretos: los resultados en las elecciones legislativas de 2021; el desaire masivo a la tramposa consulta sobre la revocación de mandato, y ahora la unidad en la Cámara de Diputados .

Debo decirlo también, en el Senado de la República, desde donde tengo el honor de servir a México, el bloque de contención está articulado desde 2018. Así, poco a poco se van ganando espacios, se van sumando voluntades, se van creando consensos.

Lo que sigue para los partidos opositores es mantener la congruencia. Vienen batallas legislativas decisivas, como la posibilidad que está en el aire sobre reforma electoral, que buscaría someter al INE, igual que retos políticos como encontrar la unidad rumbo a 2024.

Hoy tenemos el pendiente de cerrar la brecha de confianza entre oposiciones partidistas y ciudadanas y lograr una mayoría electoral; nada está escrito: esta oportunidad puede desperdiciarse o aprovecharse. De esa decisión depende el futuro del país en décadas por venir. Dimensionemos el momento histórico y actuemos acorde: sin protagonismos ni mezquindades, con generosidad y diálogo.

Senadora de la República

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