Comparecencias: diálogo y rendición de cuentas

Claudia Ruiz Massieu

Las comparecencias son una oportunidad para que en la división de poderes se exponga, por una parte, y se pondere, por la otra, lo alcanzado en la gestión encomendada

Conforme a la norma y la tradición, el Senado ha realizado el análisis del Tercer Informe del Ejecutivo sobre el estado que guarda la administración pública, atendiendo la política interior, exterior, económica y social. En este año, a su vez, se incorporó una modalidad novedosa para quienes conformamos la LXV Legislatura, porque, en la anterior, el análisis y la comparecencia de las personas titulares de las dependencias correspondientes ante el Pleno, se efectuaron en fases disociadas en el tiempo.

En esta ocasión, se dieron en una misma fecha el análisis y la presencia sucesiva de quienes tienen a su cargo los ramos de Gobernación, Relaciones Exteriores, Hacienda y Bienestar, así como la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana.

La opinión pública suele tener para sí que, entre las tareas del Congreso, la principal es la legislativa. Sin embargo, la función de control de la gestión pública reviste una importancia singular, por su vinculación con el principio de rendición de cuentas de quienes colaboran con el presidente de la República ante la representación popular plural.

Las comparecencias vinculadas al análisis del informe de gobierno son parte relevante de la presentación de lo realizado, a la luz de los programas establecidos, los recursos asignados y ejercidos, así como los resultados alcanzados. Es una oportunidad pública —como pocas— para que en la división de poderes se exponga, por una parte, y se pondere, por la otra, lo hecho y lo alcanzado en la gestión encomendada. Es una ocasión para el funcionamiento de la acción pública de sustrato democrático, donde sin demérito de la representatividad de cada grupo parlamentario, el ejercicio del contrapeso sobre la orientación y resultados de la gestión en marcha requiere necesariamente de la actuación de la oposición.

Sin duda, la posibilidad de realizar en una misma sesión el análisis de un rubro del informe y de intercambiar impresiones y plantear cuestionamientos a quien tiene la titularidad del ramo, hace posible profundizar el diálogo. Sin embargo, parece necesario revisar también la forma en la cual se desahogan las comparecencias. El formato resulta caduco y acartonado, poco propicio a la deliberación pública y alejado de la posibilidad de que la confrontación propositiva de ideas permita delinear y adoptar acciones administrativas con base en las observaciones de quienes integramos el Poder Legislativo.

Para ilustrarlo, luego de la exposición inicial de quien comparece, interviene una persona de cada grupo parlamentario en orden creciente de representatividad, para formular las preguntas con base en las premisas que estima pertinentes. Posteriormente, en una sola exposición, con la mitad del tiempo empleado por las y los senadores, quien comparece comenta y responde las interrogantes. En buena medida, el ejercicio se asemeja más a una serie de monólogos sobre temas convergentes.

En aras de fomentar la politización de la ciudadanía en torno a la gestión gubernamental y su control en el ámbito democrático parlamentario, es momento de recuperar prácticas del propio Congreso mexicano y de revisar las de otros parlamentos. Por ejemplo, la respuesta inmediata de quien comparece a cada representante, o la réplica de éste con la dúplica de aquél.

En pocas palabras, estamos llamados a afinar la rendición de cuentas con base en el diálogo y en la deliberación entre quien comparece y quienes representamos la voluntad plural de la nación.
 

Senadora de la República

 

 

 

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