En la avenida Valiasr —arteria comercial de Teherán— aún cuelgan crespones por la muerte del ayatolá Alí Jameneí, confirmada el 1° de marzo. Sin embargo, cada día se ven más cabellos al viento y un murmullo de expectativa recorre las calles: ¿llegará el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, sin el olor a castigo que impregnaba el aire?

Para entender el momento conviene tener presentes las principales restricciones vigentes en Irán para la mujer:

— Hiyab –velo que cubre el cabello, el cuello y, a veces, parte de los hombros de las mujeres—, obligatorio desde 1983: no cubrirse expone a multas, detención o golpizas.

— Tutor masculino para viajar: el pasaporte de la mujer casada depende de la firma del esposo; el de la soltera, de su padre.

— Testimonio judicial devaluado: la palabra de un hombre equivale a la de dos mujeres.

— Herencia a medias: una hija hereda solo la mitad que su hermano.

— Divorcio y custodia: él puede divorciarse sin causa; ella debe probar abuso y aun así suele perder la custodia.

— Vida pública cercenada: cantar, bailar o entrar a estadios masculinos está prohibido; el marido puede vetar el empleo de su esposa.

Tras la muerte de Mahsa Amini, detenida en 2022 por “uso inadecuado” del velo, el Parlamento Iraní respondió endureciendo castigos mediante la “Ley de Castidad y Hiyab” (2024). Aunque suspendida en 2025, la represión mutó: drones con reconocimiento facial, bloqueos bancarios y sanciones a comercios que atienden a mujeres sin velo. Menos visible, más rígida.

Jameneí fue el garante doctrinal de este entramado. Sin su voz final, moderados y tecnócratas podrían prorrogar la moratoria del velo, abolir la tutela masculina sobre viajes y empleos, y liberar a las presas políticas, rompiendo el ciclo de mártires que alimenta la protesta. Pero también existe el riesgo de que una “mano dura” llene el vacío de poder y desate una nueva ola de detenciones.

Camino al 8M, ¿qué conviene recordar?

Cada mechón descubierto erosiona el dogma; filmarlo y compartirlo protege a quien se expone y resuena en nuestras propias cabelleras, unidas por la sororidad. Mientras no se deroguen las normas que limitan la herencia, el testimonio y la libertad de movimiento, el velo seguirá siendo mordaza legal. Por eso todas las mujeres del mundo debemos alzar la voz, para exigir cambios de raíz y vigilar que los crímenes de 2022-2025 no se diluyan en el duelo oficial.

Como escribió Simin Behbahani, “Mujer, Vida, Libertad” es un grito que debe retumbar por las hermanas de todos los continentes; el grito será más fuerte que cualquier dron dispuesto a silenciarlo. A pocos días del 8M, la primavera persa parece posible, dependerá de que cada cabello suelto se convierta en ley y de que cada ley abolida se traduzca en vida en libertad. El tiempo apremia; estas líneas no alcanzan para narrar una revolución, pero sí para recordar que, el próximo ocho de marzo, el futuro de millones de mujeres estará a discusión. Es tiempo de mujeres.

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