Cada víspera del seis de enero, un ritual mágico se repite en millones de hogares mexicanos, un par de zapatos limpios espera junto a una ventana, acompañada quizás de un poco de agua y pasto para los camellos cansados. Esta escena, cargada de ilusión, es más que una simple costumbre; es la manifestación cultural que, sin proponérselo, se alinea perfectamente con los principios fundamentales de la Convención sobre los Derechos del Niño.
La Convención establece un marco universal para la protección y el desarrollo de la infancia. Más allá de garantizar necesidades básicas como la alimentación y la salud, el documento reconoce que un desarrollo infantil sano es un concepto que abarca el bienestar emocional, social y cultural. Es en este terreno donde tradiciones como la de los Reyes Magos revelan su valor.
El Artículo 31 de la Convención reconoce “el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”. El juego no es un lujo, sino un pilar del aprendizaje y la salud mental. La tradición de los Reyes Magos es una poderosa herramienta lúdica que fomenta la imaginación y la creatividad al escribir una carta con ello el infante aprende a gestionar emociones como la paciencia y la expectación. La alegría del descubrimiento en la mañana de Reyes es un estímulo neurológico y emocional que fortalece la resiliencia y la capacidad de asombro.
Pero la conexión va más lejos. El escribir una carta a los Reyes es uno de los primeros ejercicios del derecho a la libre expresión y a ser escuchado, consagrado en los artículos 12 y 13. Aunque el destinatario sea mágico, el infante aprende a articular sus deseos, a reflexionar sobre su comportamiento durante el año y a comunicar sus esperanzas. Se siente protagonista de su propia historia, un individuo con voz cuyas peticiones son tomadas en cuenta.
También, esta costumbre fortalece el derecho a la identidad y a la vida en familia (Artículos 7 y 8). Los Reyes Magos son un evento colectivo que une a generaciones. La preparación, la compra de regalos y el compartir la tradicional rosca crean lazos afectivos y un sentido de pertenencia. Estas experiencias construyen la memoria emocional del infante y lo anclan a su cultura, proporcionándole una base segura desde la cual explorar el mundo.
Los Reyes Magos ofrecen un espacio seguro para creer en lo extraordinario, para entender que no todo en la vida se rige por una lógica estricta. Esta creencia en la magia no es una negación de la realidad es un entrenamiento para la esperanza.
Por tanto, cuando una sociedad se esfuerza por mantener viva la llama de esta tradición, no solo está preservando su patrimonio cultural, inconscientemente, está actuando como garante de los derechos de niños y niñas: el derecho a jugar, a soñar, a expresarse, a pertenecer y, sobre todo, a disfrutar de una infancia plena y feliz. La magia de los Reyes Magos reside no solo en regalos, sino en el aporte que hace al sano desarrollo de cada infante.
Es tiempo de mujeres.
https://x.com/celiamsasaki

