El reciente desalojo del Refugio Franciscano en la Ciudad de México, encendió un debate urgente sobre el bienestar animal y la responsabilidad que tenemos como sociedad hacia aquellos seres vivos que no pueden defenderse. En medio de una creciente preocupación por la situación de los animales en situación de vulnerabilidad, este evento nos recuerda las obligaciones éticas y legales que debemos cumplir, especialmente hacia los animales ferales, que a menudo son los más desprotegidos.

El bienestar animal en México ha avanzado en los últimos años, con la inclusión de derechos fundamentales en la Constitución y diversas leyes locales que buscan garantizar la protección y el trato digno de los animales. Sin embargo, el reciente cierre del refugio evidencia cómo, en la práctica, estos derechos pueden ser ignorados o malinterpretados. Las condiciones despiadadas en las que muchos animales se encuentran, nos exigen revaluar no solo nuestras políticas, sino también nuestra actitud hacia aquellos seres sintientes que cohabitan con nosotros.

La normativa que protege a los animales en la Ciudad de México es clara, obliga a las autoridades a garantizar la salud y el bienestar de los animales. Sin embargo, el sistema parece estar fallando. Muchas veces observamos que los esfuerzos para rescatar y rehabilitar a los animales son opacados por intereses económicos y políticos, que no les importa lucrar con el sufrimiento animal. El desalojo no es solo un caso, es un síntoma de un patrón más amplio que ignora la vida y la dignidad de los animales y permite que esos intereses prevalezcan sobre el bienestar de seres sintientes.

Muchos animales que fueron adoptados terminan en la calle, enfrentándose a condiciones severas de maltrato, abandono y hambre. La legislación existente apunta hacia un manejo responsable hacia ellos, pero la falta de acción efectiva y la escasa educación sobre su cuidado perpetúan este ciclo de sufrimiento. La esterilización y los programas de atención son esenciales.

Por lo tanto, debemos exigir un compromiso real de las autoridades hacia la protección de los animales, así como un enfoque proactivo que priorice su bienestar. Propuestas como la creación de un registro nacional de animales ferales, campañas masivas de esterilización y educación pública sobre la tenencia responsable podrían marcar un cambio significativo.

El desalojo del Refugio Franciscano deja muchas interrogantes que las autoridades deben aclarar de forma inmediata, pero lo sustancial es que no debe ser un evento aislado, sino el punto de partida para exigir un sistema que funcione, libre de la corrupción e indiferencia de las autoridades. Como sociedad, debemos dar un paso adelante y reconocer que el bienestar de nuestros compañeros no humanos es un reflejo directo de nuestra humanidad. Construir un futuro donde sus derechos sean verdaderamente respetados no es solo un llamado a la acción, sino un imperativo moral que define nuestro avance como sociedad y exige justicia real, no solo promesas. Es tiempo de mujeres.

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