Biden, Harris y las drogas

Catalina Pérez Correa

El triunfo de Biden/Harris a la presidencia de los Estados Unidos ha generado mucha emoción no solo por significar la salida de Trump de la presidencia, sino por la designación de una mujer como vicepresidenta. Es la primera vez en la historia de ese país que una mujer es electa a ese cargo. Además, se trata de una mujer de descendencia afroamericana e hija de migrantes.

La elección de Harris como vicepresidenta, sin embargo, ha sido cuestionada debido a su pasado como Procuradora de San Francisco y Fiscal General de California, específicamente por la posición que entonces adoptó en el tema de política de drogas. Durante su encargo, fueron procesados penalmente miles de personas —especialmente jóvenes hispanos y afroamericanos-, por delitos de drogas, incluidos delitos menores como la posesión de cannabis. Asimismo, Harris públicamente defendió la política de mano dura contra las drogas y se opuso a la regulación de la marihuana. Como senadora, en cambio, Harris adoptó posturas menos conservadoras e incluso fue evaluada por GovTrack como la legisladora más liberal. Ya durante la campaña dijo estar a favor de la regulación de la cannabis. Al igual que Joe Biden —quien también alguna vez defendió la política prohibicionista— Harris parece haber tenido un cambio de ideas en el tema.

No es claro qué cambios, si alguno, se harán desde la Casa Blanca en política de drogas. Pero las reticencias que puede haber fueron opacadas por los contundentes resultados a las consultas hechas durante las elecciones en temas de drogas. En Arizona, Mississippi, Montana, Nueva Jersey y Dakota del Sur, se aprobaron propuestas de regulación de cannabis. Esto significa que en 35 estados de la Unión Americana habrá mercados legales para marihuana medicinal y en 15 (más el Distrito de Columbia) para uso adulto. En el Distrito de Columbia, se aprobó además que la persecución del cultivo, comercio, transporte, posesión y distribución de plantas enteógenas como al psilocibina (hongos alucinantes) sea de baja prioridad. Es decir, seguirán siendo conductas delictivas pero su persecución no será una prioridad.

Quizás el cambio más importante, en términos de desescalar la guerra contra las drogas, vino de Oregón, donde los votantes decidieron descriminalizar la posesión de sustancias ilícitas como la cocaína, heroína, LSD, metanfetaminas, entre otras. Si bien el comercio de estas sustancias sigue siendo ilegal y sancionado penalmente, la posesión será una falta civil. En lugar de usar la cárcel como sanción, se impondrá una multa de 100 dólares, que puede ser evitada participando en un programa de salud. La medida, además, incluye el uso de recursos —provenientes de impuestos de la venta de cannabis— para programas de reducción de riesgos y daños y tratamientos de adicciones.

Los resultados de las elecciones en política de drogas son muy importantes. Muestran que más allá de la división entre republicanos y demócratas, hay cierto consenso para cambiar la política de drogas y un rechazo a las nefastas consecuencias que la prohibición ha traído. Muestran también que los cambios en la materia vienen desde lo local y no necesariamente desde la Casa Blanca o la ONU. Ojalá veamos cambios desde el nuevo gobierno norteamericano, pero por mientras, hay otra cosa más que celebrar de esta elección.
 

Profesora-investigadora del CIDE. @cataperezcorrea

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