Cuando era joven, de lo que hace ya un largo rato, los intelectuales que rifaban eran los que lograban nuclearse alrededor de Fernando Benítez, director de México en la Cultura, suplemento del diario Novedades, donde brillaban refugiados españoles, como Margarita Nelken o Elvira Gascón, Antonio Rodrigues (con S, porque era portugués) o Paul Westheim. Tres versiones, no excluyentes, se atribuyen a la salida de Benítez y la renuncia de su equipo. Una, un dibujo de la señora Gascón considerado indecente; dos, una crítica al presidente Miguel Alemán, quien, se suponía, era socio de Rómulo O’Farril o incluso el verdadero dueño del diario; tres, la defensa de la Revolución Cubana que en 1962 se declaró comunista.
En esos mismos años, surgió, apadrinado por Lázaro Cárdenas, el Movimiento de Liberación Nacional, integrado por quienes anunciaban los tiempos por venir: además de Benítez, estaban Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo, el gran Luis Prieto, Alonso Aguilar y Fernando Carmona, estos dos últimos, economistas, marxistas, introdujeron, incluso antes que Arnaldo Córdova, el pensamiento de Gramsci en el suplemento, ya en la revista Siempre, de Pagés Llergo, adonde habían emigrado con el nombre de La cultura en México. Vicente Rojo, quien había sustituido a Miguel Prieto al final de la época del Novedades, formó el suplemento hasta que lo dirigió el querido Monsi, quien se lo heredó a Paco Ignacio Taibo II.
Una vez que le pregunté a Benítez cuál era el secreto del suplemento, me dijo: poner a ocho columnas y en letras de 14 puntos, (que estaban prohibidas en Novedades) la aparición de un libro de Carlos Fuentes o una exposición de José Luis Cuevas. Como estábamos en su casa, me mostró un ejemplar del tabloide Les Lettres Françaises que era su modelo.
La ruptura mayor vino en el 68, cuando se publicaron Días de guardar, de Carlos Monsiváis; Los días y los años, de Luis González de Alba, y nada menos que La noche de Tlatelolco, que en 2024 llegó a la edición número 50. Libros, todos, apoyados por Raúl Álvarez Garín, quien murió como presidente del Comité 68 y a quien la presidenta Claudia Sheinbaum ha llamado “mi mentor”.
Los intelectuales seguían siendo los de Letras Libres, de filiación panista, como Castañeda, Krauze de Televisa y herederos de Octavio Paz. Los de Nexos, revista dirigida por Aguilar Camín, eran huestes de Elba Esther Gordillo quien patrocinaba la publicación, comprando y distribuyendo 3 mil ejemplares. A última hora, Rolando Cordera, con su apoyo a Woldenberg, se sumó a la marea rosa.
La cultura de la 4T
López Obrador, al revisar las partidas con que los gobiernos neoliberales “apapachaban” a intelectuales y periodistas, reveló los andamiajes del poder. La cultura dejó de verse como la expresión de las élites y se aceptó plenamente la cultura en un sentido antropológico. La Nueva Escuela Mexicana revolucionó la educación al establecer, no sólo al español, sino a la lengua materna en la educación básica. Se planteó los problemas escolares en relación con las comunidades. Sheinbaum quiere arrebatar a la delincuencia a los jóvenes, mediante tres pinzas, educación, deporte y arte, no como expresiones de otros, sino de los propios jóvenes. Ha pedido que su gobierno se recuerde como el sexenio de la educación. Y no se trata de poner la cultura popular sobre la llamada alta cultura (la de los artistas profesionales), sino de entender que ninguna cultura es superior a otra.
Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras e integrantes del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social (CACEPS) caceps@gmail.com

