En el mes de la mujer, más que conmemorar avances, es momento de preguntarnos cuánto falta para alcanzar una igualdad sustantiva. Al iniciar el segundo cuarto del siglo XXI, el desafío ya no es reconocer las brechas, sino acelerar su cierre con decisiones estructurales.

señala que la brecha global de género se ha cerrado en un 68.8%, con una mejora de 0.3 puntos porcentuales respecto de 2024. A este ritmo, tomará 123 años alcanzar la paridad total, 11 años menos que lo estimado el año pasado, pero todavía muy lejos de la meta planteada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 (). El mensaje es claro: el progreso existe, pero es insuficiente.

En México, los retrocesos recientes en el mercado laboral evidencian la fragilidad de los avances. En mayo de 2025, 282 mil mujeres salieron del mercado laboral, reduciendo la tasa de participación femenina de 47% a 45.8%, frente a una participación masculina de 74.3% en enero de 2026. La brecha ronda los 29 puntos porcentuales. Además, el 54.9% de las mujeres ocupadas se encuentra en la informalidad y un 7% en condición de subocupación (). Estos datos no solo reflejan desigualdad, sino pérdida de talento y productividad para el país.

La sobrecarga de trabajo no remunerado sigue siendo un factor estructural que limita la autonomía económica. Sin sistemas de cuidado robustos y políticas que redistribuyan responsabilidades, millones de mujeres continuarán enfrentando trayectorias laborales interrumpidas o empleos precarios. La igualdad en el acceso al empleo formal y a ingresos dignos es una condición básica para el desarrollo inclusivo.

El acceso al financiamiento también sigue siendo un obstáculo. Organismos multilaterales como el Banco Mundial han advertido que las mujeres emprendedoras enfrentan mayores barreras para acceder a crédito formal y capital de inversión, pese a mostrar altos niveles de cumplimiento en sus obligaciones financieras. En un contexto de transformación digital y transición productiva, quedar fuera del sistema financiero implica quedar fuera de las oportunidades del futuro.

Además, la revolución tecnológica plantea un nuevo riesgo: que la brecha digital amplíe desigualdades existentes. Sin políticas deliberadas que promuevan la inclusión digital y el acceso a formación en habilidades del siglo XXI, las mujeres, especialmente aquellas en contextos rurales o de vulnerabilidad, podrían quedar rezagadas en la economía del conocimiento.

Frente a este escenario, las organizaciones también debemos ser parte de la solución con modelos integrales y sostenibles. En Pro Mujer, desde hace más de 35 años trabajamos con un enfoque holístico que articula inclusión financiera y digital, capacitación y salud preventiva para abordar de manera estructural las barreras que enfrentan las mujeres en América Latina. Hemos impactado a 2,5 millones de mujeres y brindado más de 10 millones de servicios de salud y, a través de nuestra plataforma , hemos acompañado a más de 200.000 mujeres en 28 países con formación y herramientas para fortalecer sus negocios y liderazgo.

Asimismo, impulsamos el , el evento más relevante de América Latina totalmente enfocado en movilizar la inversión en mujeres y la adopción de la perspectiva de género como un mecanismo efectivo para avanzar hacia la igualdad y fortalecer el desarrollo económico de la región. En 2026, Perú será sede de este encuentro, consolidando un espacio clave para articular al sector público, privado e inversor en torno a soluciones financieras innovadoras.

El segundo cuarto del siglo XXI exige una acción coordinada y sostenida. La igualdad de género no es una agenda sectorial ni conmemorativa: es una condición para el crecimiento económico, la estabilidad social y la innovación. Si queremos un México más competitivo y resiliente, debemos invertir de manera decidida en el talento, la autonomía y el liderazgo de las mujeres. El tiempo de acelerar es ahora.

CEO de

Comentarios