Yo sé que la imagen de Nicolás Maduro en una corte federal de Manhattan, despojado de su poder y enfrentando un proceso criminal por narcoterrorismo y otros delitos, es una imagen de emociones mixtas para muchos. Entiendo que tiene tonos graves de diplomacia, derecho internacional, democracia y geopolítica. De eso hablarán otros. Pero en materia de seguridad pública, y que es de lo que quiero hablar en esta nota, quiero mantener esos temas fuera de la ecuación para irle avisando a usted que ya vienen en camino varias y graves complicaciones para el estado de la seguridad de la región. Y muy en especial para México. La caída del Patrón de Miraflores es un bache para el crimen organizado. Pero no es su fin, ni de lejos. Es, por usar una metáfora, meramente la autopsia de un intermediario y la transición hacia un nuevo equilibrio de fuerzas criminales en la región. No sé cuánto dure este nuevo equilibrio de fuerzas, pero la transición está en camino. Me explico.

Empecemos por admitir lo más incómodo para algunos ideólogos rancios: que el señor Maduro convirtió a su país en un nodo logístico del crimen transnacional. Esto que digo no es un acto de fe. Ni siquiera es una opinión. Sobre esto hay un consenso empírico internacional. Diversas fuentes describen a Venezuela como un país relevante para operaciones del crimen organizado, particularmente para el tráfico de drogas. Entre ellos, el Departamento de Justicia de los EU, la DEA, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU, la OEA, Transparencia Venezuela (por cierto, en el exilio), Insight Crime, y la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU.

Segundo, reconozcamos el rotundo éxito del mal llamado Cártel de los Soles. Cártel cuyo mayor éxito es nunca haber existido como tal, pero cuya etiqueta fue creada por EU solamente para rotular al grupo de oficiales miembros de la Guardia Nacional Bolivariana, que sirvieron por años como facilitadores de logística (puertos y radares) en el tráfico de drogas hacia Europa y EU. Este grupo de criminales uniformados, o sea, de traidores a su patria, hicieron realidad el sueño de cualquier organización criminal: tener cero competencia. Qué fortuna esa de que Venezuela, con lo importante que ha sido en términos de tráfico de drogas, no haya sufrido una guerra de cárteles; no al menos desde la imaginería mexicana de lo que es un cártel. Y bueno, pues es que simplemente no hay cárteles venezolanos. Hay redes de tráfico, actores bien armados, células y bandas con control de calle y participación en diferentes etapas del tráfico de drogas y de otros delitos. Pero cárteles, con los estándares tan altos de definición como los que tenemos en México, es decir, en términos de empresas criminales con jerarquías, rivalidades y control territorial, eso no han tenido. Y es que no lo han necesitado. Su crimen organizado nació con distintivos y condecoraciones sobre el hombro y pecho.

Todo lo anterior es, desde el 3 de enero de este año, cosa del pasado reciente. Ahora lo invito a preguntarse: ¿y qué sucede, al menos en el corto plazo, cuando un país relevante para el tráfico de drogas deja de serlo? Obviamente que no es una pregunta fácil de responder. No es algo que se vea todos los días. Pero una analogía apropiada, a mi parecer, es la que nos indica lo que sucede cuando un nodo dentro de una red criminal colapsa. Tema en el cual México tiene amplia experiencia. Pues que la red no colapsa. Se busca otro nodo y otra ruta. El de menor resistencia, por cierto. Y aquí es donde empiezan los problemas para nosotros. Porque cuando un nodo criminal se debilita o desaparece, los actores más agresivos buscan subir en la jerarquía, cambian intermediarios, y los muertos no dejan de aparecer, por más que maquillen las cifras.

Los hechos sucedidos en México durante 2025 ya nos dan un indicio. Sucede que los puertos venezolanos ya estaban dejando de ser negocio para el crimen transnacional. Las incautaciones de cocaína que vino realizando la Marina Mexicana en el litoral del Pacífico, particularmente frente a las costas de Colima y Michoacán, aumentaron muy significativamente; en especial desde septiembre. Y no hablemos de las operaciones de la Marina Americana, por no decir bombazos, en mar abierto. Eso, creo yo, le debe de quitar las ganas de traficar por el Caribe, hasta al más despistado. Es por esto que nuestra costa del Pacífico se viene convirtiendo en altamente atractiva para el crimen.

Note que más decomisos no son victorias de seguridad pública. Más toneladas no se deben leer como trofeos. Tampoco son buenas noticias. Son indicadores de una mayor actividad criminal en la localidad. Más decomisos nos indican que el flujo existe y que el flujo busca nuevas rutas, y con ello socios, y con ellos víctimas.

Con esto quiero decir que el tráfico de drogas sigue muy vivo y México va en vías de aumentar su participación en el itinerario. Sabemos que la presión externa (o interna) no cambia la función de demanda de drogas; sólo cambia la ruta al consumidor final, que es, por cierto, el votante americano. Esto lo hemos documentado hasta… perdone usted el término, la náusea. Y nos preocupa porque si nosotros, con todo lo que ya tenemos encima, además pasamos ahora a jugar un rol aún mayor como corredor de drogas, pues, mire usted, la predicción es bastante simple: se nos viene encima todo eso que le está pegado como un parásito a la empresa criminal, como son la corrupción portuaria, el cobro de piso, cobro de cruce, control territorial, lavado de dinero, enfrentamientos por cargas, tráfico de migrantes, y toda la violencia que se sume a lo anterior.

En síntesis. La justicia que se busca impartir en Manhattan es un respiro de gran alivio para los venezolanos que tanto han sufrido un régimen dictatorial. Lo comparto. Pero no caigamos aquí en el error de pensar que esa justicia se traducirá en una reducción de la violencia criminal en la región. Vienen nuevos peligros. La empresa criminal es amoral y sólo sabe de márgenes de ganancia. Lo que esto significa para nosotros es que inicia un periodo de competencia desordenada por nuevas rutas. México es el candidato natural a recibir las esquirlas de este reacomodo geopolítico por su posición geográfica, impunidad reinante, y capacidad logística criminal. Las dos últimas son, lamentablemente, las ventajas competitivas de México en el mercado criminal transnacional.

www.carlosvilalta.org

Académico, CentroGeo

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