Septiembre 11: Una dosis de realidad

Carlos Seoane

Los ataques terroristas de 9/11 sacudieron profundamente a Estados Unidos y tuvieron repercusiones en todo el mundo. Dos décadas después, los atentados y las respuestas a estos continúan moldeando las creencias populares sobre el terrorismo y la política exterior. Aquel día sirvió como catalizador de “la guerra contra el terror" con las invasiones de Afganistán e Irak; la primera resultó ser la guerra más larga y costosa librada por el ejército estadounidense y la segunda, derrocó a Saddam Hussein sin que nunca se hubiesen descubierto armas de destrucción masiva.

Los ataques proporcionaron una justificación - difícil de debatir en su momento - acerca de las medidas antiterroristas, algunas de las cuales atentaron fuertemente contra la privacidad y las libertades civiles. En los Estados Unidos, estas incluyeron la Ley Patriota que permitió ampliar la vigilancia del gobierno, la formación del Departamento de Seguridad Nacional, las restricciones de inmigración y el aumento de la seguridad fronteriza, la creación de programas de lucha contra el extremismo violento y la detención indefinida de sospechosos de terrorismo en Guantánamo.

Es importante mencionar que la conclusión a la que llegó la Comisión Nacional de Ataques Terroristas contra los Estados Unidos fue que el principal fracaso norteamericano derivó de la falta de cooperación entre agencias de gobierno junto con “la falta de imaginación”… nadie pudo anticipar que terroristas armados con navajas tipo cutter (mismas que se pueden conseguir en cualquier papelería) tomarían lecciones de vuelo y secuestrarían cuatro aviones comerciales simultáneamente para convertirlos en misiles guiados. En total, 2,977 personas inocentes perdieron la vida, la gran mayoría en Nueva York.

Desde entonces, Estados Unidos no ha sufrido otro ataque importante, cosa que sí han padecido sus aliados en Madrid (2004) y Londres (2005) entre otros tantos. Y aunque en 2011, finalmente mataron a Osama bin Laden, Al-Qaeda subsiste haciendo metástasis en diferentes grupos terroristas en naciones con gobiernos prácticamente inexistentes.

Para la mayoría de nosotros que presenciamos el evento en vivo, la imagen impactante y eterna de ese segundo avión golpeando la Torre Sur del World Trade Center dejó algo grabado en nuestras conciencias para siempre. Recuerdo estar parado petrificado frente al televisor con el corazón constreñido en un estado de total incredulidad tratando de reconciliar mis recuerdos de haber estado en el observatorio del piso 107 de ese edificio en mi luna de miel, observando la belleza de un cielo azul y la gran ciudad de Manhattan, pero mezclados con el horror que acababa de ocurrir.

Ahora, el haber visto el mes pasado las trágicas escenas en el aeropuerto de Kabul ante la partida del ejército norteamericano, me hace preguntarme si Estados Unidos no debería haber pasado los últimos 20 años solo haciendo lo que era necesario para apuntalar sus políticas y operaciones antiterroristas en su suelo. La arrogancia y su papel de policía mundial, asumido desde la Segunda Guerra Mundial, los hizo sobrereaccionar a la amenaza con una fuerza masiva, redoblando el imperialismo militar alimentado de una profunda sed de venganza, gastando cantidades indescriptibles de dinero en una odisea de dos décadas que los llevó, irónicamente, al punto de partida, ya que Afganistán es nuevamente tierra fértil para el terrorismo bajo el recién llegado régimen Talibán.

Estados Unidos compró la idea que de alguna manera podrían ganar la guerra global contra el terror, pero si algo quedó demostrado en estos 20 años, es que este conflicto no solo los ha acercado a la bancarrota económica pero también moral.

Todo en la vida termina y esta guerra no sería la excepción, pero en su intento de ponerle fin, el presidente Joe Biden está pagando un elevado precio político. El cierre de este capítulo, que inició con lo que inicialmente parecía ser un pequeño avión que había chocado por accidente contra una de las torres gemelas, a la caótica salida de Afganistán, le dio al gobierno norteamericano una muy amarga medicina que necesitaba en este aniversario para finalmente comenzar a conducir en la dirección correcta: una dosis de realidad.

POSTDATA

Los investigadores de la Universidad de Brown estiman que Estados Unidos ha gastado 5.8 trillones de dólares en las guerras de Afganistán e Irak y otros conflictos derivados de los ataques del 9/11. Esa cantidad incluye desde gastos en equipo militar hasta seguridad nacional y gratificaciones para las familias de los muertos en los atentados.

POSTDATA II

Para nuestro vecino del norte, un billón equivale a mil millones y un trillón es equivalente a mil veces un billón.
 

Consultor en seguridad y manejo de crisis
Twitter: @CarlosSeoaneN
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