En el año 49 A.C., el general romano Julio César regresaba de sus campañas en la Galia. El Senado romano le ordenó disolver su ejército antes de entrar a la ciudad capital.

El problema: el río Rubicón marcaba el límite legal que ningún general podía cruzar con tropas armadas. Si lo cruzaba con su legión, estaría cometiendo un acto de rebelión contra Roma.

César lo cruzó y con eso inició una guerra civil que terminaría con la República y abriría el camino al Imperio.

Hoy, “cruzar el Rubicón” se usa cuando alguien actúa sabiendo que ya no podrá regresar al punto anterior.

Esta brevísima lección de historia viene a colación a raíz de la muerte de El Mencho, líder fundador del CJNG. Quien finalmente fue abatido tras un operativo de fuerzas especiales del Ejército.

Ríos de tinta han corrido acerca de este tema, y lo seguirán haciendo, pero en esta ocasión quisiera resaltar las lecciones que nos deja este hecho histórico.

1. El Estado es más fuerte que cualquier grupo criminal

Cuando el Estado decide ejercer su monopolio legítimo de la fuerza —con inteligencia, planeación y voluntad política— la ecuación cambia.

Durante años se instaló la narrativa de que ciertos líderes criminales eran intocables. Que su capacidad financiera, su poder de fuego o su red de protección los hacía invulnerables. Esa percepción no es menor: en seguridad, la percepción es poder.

Pero el mensaje que envía una operación de este calibre es claro: el Estado tiene más recursos, más tecnología, más capacidad operativa y, sobre todo, más tiempo.

Un grupo criminal vive de la velocidad y del miedo. El Estado puede operar con paciencia estratégica. Y cuando esa paciencia se convierte en decisión, el resultado suele ser inevitable.

El golpe no solo es táctico. Es simbólico. Y en el terreno simbólico se disputan la autoridad y la legitimidad.

2. Si a los criminales no se les enfrenta, se fortalecen

El crimen organizado no es un fenómeno estático. Es expansivo.

Funciona como un tumor canceroso: invade espacios donde el Estado se repliega.

Coloniza economías locales. Captura policías municipales. Intimida funcionarios. Compra silencios.

Cada zona donde no hay confrontación real se convierte en un laboratorio de expansión.

Pensar que se puede “administrar” por siempre a los cárteles es una ilusión peligrosa. La Pax Narca es frágil y temporal. Lo que no se enfrenta, crece. Lo que no se desmantela, se reorganiza.

En términos operativos, la ausencia de presión genera consolidación territorial. En términos psicológicos, genera narrativa de impunidad. Y la impunidad es el mejor reclutador que tienen.

La muerte del Mencho rompe esa narrativa. Pero el efecto solo será sostenible si la presión continúa sobre sus estructuras financieras, logísticas y políticas.

De lo contrario, el liderazgo se sustituye y el ciclo reinicia.

3. Ningún liderazgo criminal de esa magnitud prospera sin complicidad política

Ninguna organización criminal de esta magnitud opera durante años sin redes de protección institucional.

No hablo de teorías. Hablo de lógica operativa. Para mover miles de toneladas de droga, armas, combustible, recursos, dinero, etc. se requiere de información anticipada, omisiones deliberadas y protección política.

El crimen organizado no solo desafía al Estado. Lo infiltra y coloniza.

Si la caída del Mencho no viene acompañada de investigaciones profundas sobre las estructuras de complicidad que lo sostuvieron, el mensaje será incompleto.

Eliminar al líder sin limpiar la red equivale a una poda dejando intacto el tronco y las raíces del árbol. Y las raíces, en este país, suelen estar donde muchos saben, pero nadie quiere mirar.

Cruzar el Rubicón no es matar a un gran capo. Es decidir que no habrá regreso a la ambigüedad.

La verdadera prueba para la presidenta Sheinbaum no solo fue autorizar un operativo. Fue aceptar que después de ese momento ya no hay espacio para la neutralidad.

Porque cuando el Estado decide confrontar, también debe estar dispuesto a depurarse.

De lo contrario, solo habrá cambiado de enemigo… pero no de sistema.

POSTDATA – Mucha gente de bien perdió la vida en el operativo del domingo antepasado. Para todos (as) ellos (as) mi respeto absoluto y reconocimiento. Descansen en paz.

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