La amenaza criminal en tiempos electorales

Carlos Seoane

Durante muchos años, las organizaciones criminales respondieron a una serie de códigos o reglas no escritas que, de alguna forma, a través de los viejos liderazgos se hacían respetar. Su perfil era más bien discreto, no se trataba de atraer atención inconveniente. No se metían con las familias de las autoridades y muchas veces ni con las autoridades mismas, ya que buscaban alianzas con el poder político. No agredían a niños o mujeres. Primero intentaban comprar favores y, si no lo lograban, entonces venía el embate a través de una operación “quirúrgica”.

Esta premisa cambió para mal en el presente siglo y ahora alardean abiertamente en videos en YouTube para que sepamos quiénes son y nos enteremos de su capacidad operativa. De otro modo, creen, no son nadie.

Ante la proximidad de procesos electorales, iniciando con Coahuila e Hidalgo en octubre del presente año, para continuar con la renovación de la Cámara de Diputados, la elección de 15 nuevos gobernadores y la selección de miles de cargos más en los 32 estados del país en junio del 2021, el INE suele establecer protocolos específicos de seguridad para enfrentar la llamada “elección más grande en la historia de México”.

En el proceso comicial del 2018, aproximadamente 150 políticos de diferentes partidos, incluyendo candidatos y precandidatos, fueron asesinados y muchos amenazados para que abandonaran la contienda por obtener un cargo público. Por primera vez pudimos apreciar abierta y descaradamente el uso de la violencia en su forma más cruenta para hacer a un lado a aquellos rivales políticos que no cuadran con los planes del ahora llamado crimen organizado.

El poder delictivo siempre ha buscado ir de la mano del poder político. Operar en sociedad con la autoridad y contar con protección e información confidencial está en los planes de cualquier grupo criminal. Con este tipo de arreglos entre ambas cúpulas en las últimas décadas del siglo 20, el narcotraficante de talla media pudo convertirse en un monstruoso ente sin control alguno en el siglo 21. Y ahora buscar alianzas, especialmente a nivel municipal, resulta fútil porque es mejor colocar directamente en el puesto de relevancia a su candidato u operador favorito para facilitar la actuación del cártel. Olvidemos la célebre frase acuñada por Pablo Escobar: “Plata o Plomo”. Ahora es mejor ahorrar la plata y pasar directo al plomo.

A partir de noviembre tendremos a miles de aspirantes a las diferentes candidaturas haciendo labores proselitistas en todo el territorio nacional. Lo mismo abanderados a una gubernatura de estados con la importancia de Nuevo León y Querétaro, que aspirantes a presidir municipios con unos cuantos miles de habitantes.

Diferentes fuentes de inteligencia abierta citan que, en la elección del 2018, la gran mayoría de las agresiones y homicidios de aspirantes, precandidatos, candidatos y funcionarios electos se cometieron en las entidades de la región del Pacífico sur y del centro del país. ¿No será que los criminales nos están diciendo con aquel rastro de sangre en dónde les importa más tener el control político territorial?

Esta amenaza es real y no puede ni debe ser vista con simpleza, es decir, como si hubiera sido una serie de ataques aislados. Claramente forman parte de un patrón social y geográfico.

No hay forma ni presupuesto para proteger las 24 horas de cada día a miles de candidatos durante las campañas y sería absurdo sugerir una estrategia de protección ejecutiva para todos, pero considero que este es el momento ideal para que el gobierno y sus órganos de seguridad e inteligencia hagan un profundo ejercicio de prospectiva tomando como base lo ocurrido en la elección pasada.

Aprovechar los recursos con que se cuenta y evitar otro derramamiento de sangre debería ser una prioridad para el gobierno en las próximas elecciones. Existen zonas de riesgo definidas en materia de violencia política. No hay manera de voltear hacia otro lado. Seguramente algo se aprendió en tan doloroso recorrido. Sería, literalmente, un crimen desperdiciar esa experiencia.

Especialista en seguridad corporativa
@CarlosSeoaneN

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