Feminicidio para Dummies

Carlos Seoane

“Para Dummies” es una frase muy usada en inglés y español de una exitosa serie de libros de aprendizaje que tienen como objetivo presentar guías sencillas para lectores nuevos en diversos temas. A pesar del título, los escritos no son literalmente para tontos (dummies), sino para inexpertos o principiantes en una materia. A la fecha han sido publicados más de 1,500 diferentes temas con ediciones en numerosos idiomas.

Sorprende escuchar al Presidente equiparar un feminicidio con un homicidio simple, defendiendo incluso que la única diferencia es el sexo de la víctima. No entiende que no entiende, pero más me sorprende que alguien en su staff no pueda hacer lo propio para evitarle los problemas que esa falta de distinción le ha acarreado, incluso entre sus más fieles seguidores, y que, aparentemente, lo seguirá haciendo.

Es por eso que esta entrega será una breve guía para dummies, cuyo objetivo es explicar qué es un feminicidio y por qué ocurre. Si no entendemos las raíces del fenómeno, no será posible ser puntuales en su tratamiento.

Acorde a Russell (2017), este crimen es definido como “el asesinato de mujeres por hombres motivados por el odio, el desprecio, el placer o la suposición de propiedad sobre las mujeres”. El código penal federal lo define como quien prive violentamente de la vida a una mujer por razones de género y describe en siete incisos este tipo de violencia en particular, enfatizando hechos degradantes, violentos o amenazantes de carácter físico, psicológico y/o sexual. Pero un punto clave de todo esto es que, en la mayoría de los casos, existió una relación familiar, afectiva, sentimental y/o de confianza entre la víctima y su victimario.

Asusta pensar que un hombre con quien la víctima compartió su vida, amor y/o intimidad, se convierta en un macho colérico impulsado por motivos pasionales (ira, celos, odio, rencor, etc.) y decida que una acción homicida violenta es el camino para “resolver” un problema de carácter emocional. Recordemos que en aproximadamente 30% de los asesinatos, el victimario estaba bajo el influjo de alguna sustancia.

La violencia de género se mantiene rodeada de polémica en una sociedad machista y patriarcal como la nuestra y, sin duda, un feminicidio es la forma más extrema de violencia contra la mujer. Esta es una de las manifestaciones más claras de la desigualdad, subordinación y de las relaciones de poder sobre las mujeres en sus contextos doméstico y familiar. Se basa y se ejerce por una mera diferencia subjetiva y, por supuesto, el poderío físico superior del macho sobre la hembra de nuestra especie. El objetivo del hombre -no siempre de manera consciente- es producir daño y conseguir el control, por lo que agrede de manera instrumental, predatoria, continuada y sistemática en el tiempo, como parte de una misma estrategia.

Ejemplos de violencia extrema por ser diferente a otros existen por miles. Los hemos visto por ser de una raza distinta, por preferencias sexuales minoritarias o por creer en una deidad dispar. Pero aquí estamos hablando de que las mujeres sufren violencia por el mero hecho de ser mujeres y las víctimas son de cualquier estrato social, nivel educativo, cultural o económico.

“El feminicidio no puede entenderse sólo como un asesinato individual, sino como la expresión máxima de la violencia, en la que el sometimiento a sus cuerpos y extinción de sus vidas tiene por objetivo mantener la discriminación y la subordinación de todas” (ONU Mujeres, 2019).

Romper este ciclo de violencia contra la mujer resulta una tarea titánica. Los hechos que la provocan son multifactoriales y derivan de siglos de ejercerla. Pero ellas pueden liberarse con la ayuda de una fuerza externa y mayor, es decir, del Derecho, la aplicación de la ley y los programas de ayuda que el gobierno pueda proveerles. Pero para que una mujer busque ayuda del Estado, debe tenerle mucha confianza ya que, si algo falla, se verá de nueva cuenta envuelta en el radio de alcance de su agresor.

Sabiendo que todos los días alrededor de una decena de mujeres son víctimas de feminicidio en México, resulta insólito que el gobierno recortara recursos a los refugios para las afectadas por la violencia. Esto se traduce en menos albergues, menos personal, pero más mujeres en línea de espera.

Para un gobierno que se dice feminista y que cuenta con varias mujeres en su gabinete, su actuar deja mucho que desear o quizá valga la pena escribir una guía de feminismo para dummies al respecto.

 

Especialista en seguridad corporativa
@CarlosSeoaneN

Comentarios