Ejército bajo sospecha

Carlos Seoane

En el marco de la Convención de Palermo del año 2000, la ONU definió a la delincuencia organizada como “la actividad delictiva de un grupo estructurado de tres o más personas que existe durante cierto tiempo y que actúa concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico, político u otro de orden material.” Bajo este concepto, es fácil confundir actos cometidos por la delincuencia organizada en lugar de grupos criminales y viceversa, pero ¿existe acaso una diferencia?

La respuesta es sí y radica en que estos dos conceptos suelen ser utilizados de manera indistinta. El punto central es que, independientemente de alcanzar un objetivo en común (dinero, poder, etc.) por un grupo de personas violentando la ley, la diferencia es que el crimen organizado suele tener vínculos con personas clave en el gobierno o con las fuerzas del orden para evitar la investigación y persecución de sus delitos, mientras los grupos criminales no suelen relacionarse a esos niveles o lo hacen con aquellos de bajo perfil.

Hace apenas unos cuantos días, por solicitud de la DEA (Drug Enforcement Administration) en los Estados Unidos, fue detenido quien fuera el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional durante el sexenio del Presidente Peña Nieto, el General Salvador Cienfuegos Zepeda. Se le acusa de tener nexos con una poderosa organización del narcotráfico (ergo delincuencia organizada) establecida en el Pacifico mexicano. Esta asociación ayudaría al tráfico y distribución de drogas ilegales hacia la frontera norte, al igual que a todo nuestro país.

¿Serán ciertas las acusaciones? ¿Las evidencias y testimonios pesarán durante un juicio? ¿Es una coincidencia que esto ocurra con las elecciones presidenciales norteamericanas a un par de semanas de celebrarse? Esperemos que las respuestas lleguen a su debido tiempo, que el caso se desarrolle y acabe la especulación. Sin embargo, las fuerzas del orden en el país vecino difícilmente dan paso sin huarache.

Hablar de la corrupción y la penetración del mundo criminal en las altas esferas políticas dista de ser novedoso. El poder, sin importar su procedencia, llama al poder. En este caso, hemos conocido distintos ejemplos en las últimas décadas de cómo los altos mandos políticos en distintos gobiernos gestionan y explotan la relación con los capos del crimen organizado, obteniendo beneficios mutuos de la muchas veces inevitable relación. Sobra decir que esto no es un tema exclusivo de México, ocurre en muchos países.

Ahora bien, las estructuras militares operan a través de un mando estrictamente vertical. Las altas esferas ordenan mientras que los niveles inferiores obedecen. Así de simple. Por eso, si los fiscales logran probar los cargos que le imputan al hoy militar acusado, quedará claro que un sector del Ejército mexicano (no solo su cabeza) estuvo cooperando con la delincuencia organizada, así haya sido de manera involuntaria o inconsciente. El General no podría dar órdenes directamente a la base de la pirámide, de modo que mandos altos y medios tendrían que saber lo que ocurría y servir de intermediarios con los operadores de grados inferiores.

Esta no es una película de Batman en donde solo existe un archicriminal y todos sus secuaces operan como personal raso que obedece ciegamente. En un caso como este, el escándalo político y mediático, si declaran culpable a Cienfuegos, sería de dimensiones gigantescas. El gobierno no podría quedarse de brazos cruzados, sino investigar y perseguir al resto de la estructura operativa.

Las implicaciones podrían ser devastadoras para la bien ganada reputación del Ejército, pero también debería significar un renacimiento del discurso anticorrupción que enarbola López Obrador. Esta sería la coyuntura perfecta para demostrar que las escaleras se barren de arriba hacia abajo, que nadie está por encima de la ley y que el aparato de impartición de justicia no se detendrá bajo el trillado lema de “caiga quien caiga”. Falta ver qué opina el Ejército tan apapachado en este sexenio y si está dispuesto a abrirse para una investigación como la que requiere el caso Cienfuegos.

Especialista en seguridad corporativa
@CarlosSeoaneN

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