Doña Tijuana (1ra. parte)

Carlos Mora Álvarez

Todos los días son un canto a la vida para mi. Es una declaración seguramente para muchos un tanto cursi, sin embargo, es una realidad. Ese canto contiene nuestra existencia y, sobre todo, la vida de los otros que le dan sentido a las memorias. Es esta vida la risa de nuestros hijos y las enseñanzas de nuestros padres. En este aspecto, me contrapongo a la idea de Pascal Quignard cuando declara que “todas las mañanas del mundo se van para no volver”, no se van maestro admirado respondo respetuosamente: anidan en nuestros corazones y se quedan eternamente.

Durante los últimos meses y semanas me he sentido muy afortunado. En ocasiones pierdo el sueño por las noticias dolorosas de pérdidas familiares, por demás intimas, de ausencias también de figuras nacionales e internacionales a quienes admiro y añoro. La inquietud no va del todo conmigo, en cualquier caso soy tan pasional como José Alfredo Jiménez, Joaquín Sabina o el propio Joan Manuel Serrat. Me mantengo activo pensando en mi destino que está ligado a servir y a trabajar para lograr objetivos que me trascenderán. Gran herencia, supongo y aspiro.

Estás motivaciones radican quizá, en el caos cotidiano que reconozco: el tema del Campestre es uno de ellos, otro más es el inicio de las campañas electorales, el censo que ubica a Tijuana como el municipio más grande del país que me ocupa y preocupa. A todo esto sumaría tal vez, la visita que hice con Claudia, mi mujer, a Mazatlán, como un momento definitorio de vida. Tantos temas y puntos de vista, aristas lógicas que debo desmenuzar, analizar y resolver.

Luego de este recuento reparo en Tijuana, mi Tijuana, porque es mía tanto como lo soy yo de ella, de esta tierra, el municipio más creciente de nuestro amado país, partiendo desde el índice poblacional. El nombre de mi ciudad está grabado en la memoria mundial.

Es un nodo territorial importante y que trasciende la historia geográfica hasta llenar lo mismo diálogos cinematográficos que charlas económicas en los foros mundiales. Es la ciudad que, como frontera, todos conocen aun sin haber probado la brisa de su mar.

No existe destino en el planeta que haya pisado este escribiendo donde el anfitrión o conductor, empresario o receptor, no inicie la conversación preguntando: ¿qué tal el vuelo?, ¿de dónde viene?, ¿de dónde es usted?!. Supongo, sin dudarlo, que algún habitante del mundo cuando arriba a un destino exótico, distante o continental, tendrá dificultad para explicar de dónde es, de donde proviene o donde nació. Sin embargo, si eres o arribas de Tijuana no necesitas dar mayores explicaciones.

De lo anterior se desprenden un sinfín de preguntas. ¿Qué Tijuana conoce la gente? ¿Acaso sólo saben el nombre, las historias negras, las leyendas lastimosas, sus conflictos migratorios, su historia conservadora y política? Son preguntas medulares y lógicas. Sin embargo, me interesa más que la gente sepa que de esa tierra es mi familia, mis hijos y mi amada madre, esto lo destaco con alegría. Tijuana es mía lo será a posteridad, porque sobre la tierra quedan ya las huellas de mis antepasados, además de mis andares y no podría sentirme más orgulloso y honrado por ello.

Quienes me conocen saben que me gusta cantar, si por mí fuera estaría en los grandes escenarios haciendo resonar mis coplas con gusto. Declaró Frank Sinatra en su juventud que: “Cualquier cosa que se haya dicho sobre mí en lo personal no es importante. Cuando canto, creo. Soy honesto”. Así pues, inicio esta descripción es para desnudar un poco de mi vida a sus ojos querida lectora, apreciado lector. Amo y adoro a mi país. Afortunadamente conozco a grandes mexicanos orgullosos que presumen de serlo, aunque los hay tristemente que niegan la cruz de su frente. Suelen confundirme por mi inocente apariencia con brasileño, estadounidense o ruso, nada que me afecte, pero me obsequia la oportunidad para precisar y destacar que soy mexicano, orgullosamente tijuanense. Para rematar declaro siempre que Tijuana es la ciudad más increíble del mundo.

¿Cómo definir a Tijuana? Es incomparable, cosmopolita y mágica, por decir lo menos. Pero también es, en su universalidad, profundamente local. Los internacionalistas y los menos malinchistas entenderán el guiño. Para contar la historia de nuestra ciudad fronteriza partiré de apellidos y no caprichos, que son arterias que nutrieron de ideas e identidad a esta región. Tijuana es casa de los Vizcaíno y Campbell, de los Alvarez, Quiñonez, Contreras, Bustamante, Arnais, Lutterot, Calette, González, Treviño, Hodoyán, Baloyan, Estudillo, Fimbres, Valle, Macfarland, Aubanel, Blanco, Felix, Valencia, Veytia, Marrufo, Muzquiz, Mora, Piñeira, Ochoa, López, Rodríguez, Miranda, Peniche, Leyva, Galicot, Luken, Quijano, Hernández, Escobedo, Osuna, Ruiz, Escalante, Kury, Cohen, Toledo, Valdés y hasta Bonilla, y tantos más que lograron traspasar la frontera. Esa Tijuana forjada por estas familias es hoy lugar de encuentro. Creación constante fundada en el vigor, la esencia del pensamiento y el arte que modela ese rostro tijuanense en el que se reflejan todos, los venidos de las fuentes del mundo europeo y los que llegaron en los barcos o montados en los sueños de una nación que no existía y que había que construir: México, Baja California, Tijuana.

¿Por qué mencionarlos?, te preguntarás distinguido lector, lectora: porque las actividades de esas familias fueron fundamentales y van en el sentido de propiciar una reflexión y una visión más integral de la realidad tijuanense y el papel de la ciudad fronteriza que dará impulso hacia el futuro del proyecto mexicano.

Cuando los universales como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Frank Sinatra, Clark Gable, Ronald Reagan, Antonio Chenel “Antoñete”, Manuel Benitez “el Cordobés”, Howard Hughes y ese infinito etcétera visitaron este rincón de la patria, nos colocaron en el mapa mundial. Fueron ellos, además del esfuerzo de los fundadores de esta tierra, quienes definieron e inmortalizaron las letras que nos dan nombre y llevamos talladas en el corazón, en el pecho y en el alma….. Tijuana.

¿Qué es Tijuana para un defeño, san luisino, nayarita, sinaloense, sonorense, michoacano, zacatecano, chiapaneco, guerrerense, colimense o querétano?, por citar alguno de los linajes más cercanos al escribiente por mi sangre y origen. Tijuana es metáfora del futuro, eso lo tengo claro como uno de los hijos más ruidosos de esta tierra y por encima de todo soy mexicano. Jamás me cansaré de gritarlo.

Transformar es la tarea de los tijuanenses, el inicio de la creatividad que permitió convertir el desierto en un oasis de oportunidades y sueños por cumplir. Gracias al esfuerzo de varias generaciones de trabajadores, abogados, médicos, ingenieros y arquitectos tijuanenses la arena se transformó pronto en referente de infraestructura y urbanismo en el noroeste de México.

Como nieto de mis abuelos, hijo de mis padres, responsable padre de mis hijos y agraciado abuelo de mis nietos, deseo enfáticamente precisar al respecto de mi previa columna sobre el Club Campestre de Tijuana, que mis palabras no fueron consecuencia política, mucho menos jurídica, sólo me obligó mi pasado y mi origen por la total convicción personal para fortalecer un icono que todos deberían hacer propio. Defender nuestras raíces es también enfrentar el presente, incluso el futuro. Conmino a todos a levantar la voz para que los ecos derriben las barreras y prevalezca la razón.

Una sola voz es un rumor, y las revoluciones no necesitan de mudos, sino de cantantes. “Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan. Los paisanos de mi pueblo cuando tiene un dolor, en lugar de andar llorando, cantan debajo del sol”, declaró el inmortal argentino Don Facundo Cabral, otro distinguido visitante de Tijuana. Como hombre de lucha sigo y seguiré de pie, como idealista estaré permanentemente enamorado del polvo arenoso donde se anuncia el tiempo, y sobre ese polvo dibujaré la historia de la ciudad que siempre defenderé.

El próximo 11 de julio, se celebra un aniversario más de la fundación de nuestra amada y bendita tierra, cumpliremos 132 años (honroso plural). Como parte de las celebraciones el XXIII Ayuntamiento de Tijuana ha preparado un magnifico programa bajo el liderazgo de nuestra Alcaldesa. El programa contempla un sinfín de festividades que se darán a conocer la primera semana de mayo, que incluirán eventos inolvidables el próximo 11 de mayo, el 11 de junio y finalmente la cita celebratoria magistral será el 11 de julio, todos y todas están invitados, nadie se lo puede perder.

Añoranza:

Hasta el 29 de abril del 2021 me desempeñé como Secretario de Gobierno del XXIII Ayuntamiento de Tijuana. Sin embargo, no me despido y continuaré con amor y empeño trabajando por mi gran ciudad. Agradezco a todos y cada uno de quienes me acompañaron en esta travesía. Llevo sus nombres en mi mente y su amistad en el lugar más grande de mi corazón, especialmente el de Karla Patricia Ruiz Mcfarland, nuestra valiente presidenta.

Hasta siempre, buen fin.

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