"- ¿Sabes una cosa que he aprendido de este papa?
Fazzini cambió de tema sin previo aviso, mientras termina de mondar una naranja -.
Que no ser creyente no es pecado".
- Don José Javier Cercas Mena -
La introducción de la entrega anterior incluyó la descripción de los primeros libros que me marcaron antes de cumplir los 17 años, con los títulos de: "El Principito", "Pedro Páramo", "El llano en llamas", "Los Hijos de Sánchez", "Palabras Mayores" (incluido todo lo escrito, sin excepción, por Spota) y por supuesto "El Padrino", leídos todos en ese orden, a los que ahora agrego, "El loco de Dios en el fin del mundo", del escritor que engalana el epígrafe de hoy.
Evidentemente, de estas primeras lecturas han transcurrido más de cuatro décadas y media, por lo que al tiempo, se han sumado infinidad de admirables autores con sus magistrales obras hasta llegar, quiero pensar a varios centenares, de los que solo citaré una terna de docenas para no alargar el preámbulo innecesariamente.
Considero que he leído lo trascendente - obviamente todo sobre ellos y ellas lo es, aunque nunca lo suficiente - de Hemingway, Vargas Llosa, Saramago, Neruda, Cela, García Márquez, Kapuściński, Zweig, Sabato, Auster, Kundera, Borges, Fuentes, Archer, Robbins, Castellanos, Woolf, Poniatowska, Mastretta, Loaeza y un largo etcétera, para cerrar este breve listado con los españoles: Chaves Nogales, Marías, Savater, Pérez-Reverte y ahora don Javier Cercas, solo por citar a vuela pluma, los que acuden a mi terca memoria, como decía Scherer al que igualmente incluyo, junto con Granados Chapa, Sabines, Krauze, Aguilar Camín, Blancornelas, Sarmiento y Zepeda Patterson, sin escarbar intransigentemente de forma muy profunda, donde no aparecen, por cierto - me encanta presumir mis limitaciones - ni Paz, ni Cortázar (con los que nunca he podido entenderme) agregando como corolario dos grandes líderes con publicaciones excepcionales; Churchill y Kennedy, la gran mayoría de los citados, están estudiados en nuestra nueva publicación titulada sencillamente como "Narrar nuestro tiempo: Diplomacia, Literatura y Periodismo", con prologo del Doctor Jorge G. Castañeda, Canciller de México durante los años del 2000 al 2003, donde hizo escuela.
Muy breve fue la bibliografía que cargamos para llevar a nuestro nuevo hogar - mi casa, es su casa - en Madrid, donde mi amada esposa GEMY decoró un pequeño piso de forma sublime, a partir del mes de abril del pasado 2025, afortunadamente, en la parte comercial del antiguo edificio se acababa de inaugurar una fosforescente librería, cuyas propietarias - Madre e hija - además de encantadoras son realmente eficaces para buscar y encontrar cualquier petición literaria.
Cuando aterrizamos acababa de iniciar la lectura de "El Hacedor" de don Jorge Luis Borges, pensando que el breve volumen no me tomaría más de 15 días ingenuamente, lo que inevitablemente me sucede con el argentino, que se me mete a la cabeza y literalmente me hace desvariar.
Sin embargo, lo primero que ordené a la flamante librera vecina fue la promocionada obra de don Javier, en medio de la sentida partida del Santo Padre, despertando fundamentalmente mi absoluta curiosidad, con ansias de novillero para iniciar su lectura, situación que no sucedió hasta que finalmente terminé de jugar a las vencidas con Borges y sus menos de 150 páginas de mística travesía.
Hago esta sutil numeración de hojas, para terminar esta entrega que proseguirá la próxima semana, tratando de generar un innecesario comparativo, con la última lectura de don Jorge Luis me tomé casi sesenta días, con las 485 ilustradas páginas del libro de Cercas, me ocupó menos de dos semanas totalmente enajenado, ya se enterarán porqué en las próximas entregas, esperando poder estar a la altura para diseccionarles correctamente el abultado volumen en mi muy limitado, leal, leer y entender.
Continuará.
AÑORANZA:
<<Después de las fiestas>>
Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,
qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,
eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.
Julio Cortázar
Hasta siempre, buen fin

