Un año más hacia el 2020

Carlos Matute

Como nunca hay un estreñimiento noticioso. El Presidente se va a La Chingada, su rancho en el sur del país, y las mañaneras se suspenden y no hay notas. El país de un individuo que detenta la voz del pueblo que requiere que haya unidad nacional para demostrar a Bolivia que no puede ofender al hombre fuerte mexicano sin consecuencias. Me embarga la añoranza de mi infancia cuando el tlatoani en turno convocaba a las fuerzas vivas de la revolución contra los contrarrevolucionarios (hoy fifís) o el yanqui opresor.

El 2019 puso a prueba las instituciones que hemos construido en los últimos treinta años y el saldo es negativo para el pluralismo político. Pocas voces defienden los límites al poder presidencial y los corifeos aumentan. Esto es un fenómeno del primer año de gobierno en los sexenios mexicanos, pero tengo la sensación de que el culto a la personalidad se ha intensificado. No me gusta, porque está es la vía para reanimar las profundas raíces autoritarias en nuestro país. No hay mucho que hacer al respecto. Esta concentración de poder disminuye conforme avanza el gobierno, los errores e insuficiencias se manifiestan y la lucha por el poder se intensifica. Los grupos se alinean con los personajes influyentes y la práctica del tapado (ahora en forma de encuestas a modo) seguramente revivirá para esto y otros comportamientos políticos sirvan las mayorías holgadas en la Cámara de Diputados.

El 2019 demostró que años de trabajo colectivo no tiene ningún valor si la camarilla en el poder decide destruir lo construido. El resurgimiento del Ave Fénix solo puede ocurrir desde las cenizas. Al final los que pierden son los de siempre, los que menos tienen. Los de arriba se acomodan y los de abajo a las mismas penurias después de la “fiesta” liberatoria (Azuela dixit). Es el momento del reparto de lo que no existe después ya habrá tiempo para las lamentaciones, tal y como sucedió con Echeverría y López Portillo.

El 2019 hizo evidente que la superficialidad y corrupción de los gobiernos es la verdadera causa del giro en la política del país. No basta pregonar la eficiencia y eficacia, hay que generar confianza en las autoridades para que los logros colectivos sean apreciados. Al mismo tiempo, se demostró que las promesas son armas que autohieren cuando no hay resultados tangibles. La narrativa no es suficiente para convencer al electorado qué hay un mejoramiento sustancial en la vida de las personas.

El 2019 afincó a un grupo en el poder, pero no generó expectativas sociales favorables a un proyecto viable de futuro de cara al siglo XXI. En el mejor de los casos, hubo reacciones rápidas y eficaces a los problemas con soluciones circunstanciales que muestran las profundas contracciones del movimiento en torno al Presidente. No hay claridad más allá de la lucha por el espacio de preferencia en los pasillos del palacio.

El 2019 no es un año perdido, pero tampoco el de la gran transformación, que tendrá que esperar que avance el sexenio. Las aventuras de infraestructura presidenciales en Santa Lucía, Dos Bocas y la región maya avanzan, pero día a día exhiben que su principal propósito es político y que es endeble la racionalidad económica. Fue un período de “tienta” y de “medir el agua a los camotes”, que será muy útil para mejorar los diagnósticos y tomar mejores decisiones gubernamentales.

El 2019, lamentablemente, es un año más en que las expectativas de cambio no han sido satisfechas. Habrá que esperar el 2020. Que los logros obtenidos en las leyes y decretos se conviertan en auténtico bienestar. Que las malas señales, como la exoneración de los amigos con pasado dudoso, se disipen, que el doble discurso se abandone, que el triunfalismo se sustente con resultados y que el personalismo caudillista disminuya. Es una época de buenos deseos y de reflexión.

Que el 2020 no sea otro año más de justificaciones y discurso vacío. Menos anuncios mañaneros y más gobierno. Menos inseguridad pública, crecimiento económico y más certeza para trabajar. Eso es lo único que se desea. El resto nos corresponde a nosotros. Sean felices y muchos abrazos a sus seres queridos.

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