Trump tundió a palos a la piñata mexicana

Carlos Matute

En un mitin partidista en Ohio en apoyo a la campaña de J. D. Vance al senado, fiel a su estilo, el expresidente Trump presumió como un gran éxito de su gestión el fácil y rápido sometimiento de “un socialista que le cae bien” el presidente López Obrador, quien inmediatamente empleó elementos de la guardia nacional para proteger la frontera sur de Estados Unidos de América de la inmigración ilegal sólo con la amenaza de subir los aranceles a los productos mexicanos.

Estas declaraciones hicieron evidente lo que todo mundo sabíamos y que la narrativa oficialista negó al mismo tiempo que cambiaba en los hechos la política migratoria. En menos de medio año el gobierno federal pasó de ser el protector de las caravanas de centroamericanos y caribeños que transitaban a todo lo largo de nuestro territorio buscando el sueño americano a una estrategia de contención en el sur de México en la que se han presentado algunos lamentables hechos de represión a los contingentes de migrantes con mujeres y niños.

A toro pasado, el presidente López Obrador respondió en las mañaneras que no iba a permitir que usaran a México como piñata, pero el palazo de Trump difícilmente lo vamos a olvidar. La declaración es tardía porque fuimos la piñata en el mitin republicano del sábado.

La percepción de sumisión que expresó el exmandatario raya en la humillación y aceptarlo en la indignidad. La frase “nunca he visto a nadie doblarse así'' (El Universal, 24-04-22) es un enjuiciamiento al máximo representante de México, quien en una reunión y después de la amenaza arancelaria modificó su postura y ofreció “gratis” el servicio de 28 mil soldados y el apoyo a la campaña “Quédate en México”.

Lo peor para el gobierno mexicano es que los hechos públicos dan credibilidad a la conversación que Trump con un gran oportunismo recordó el plegamiento del “socialista” a su política migratoria y la ventaja es que López Obrador tiene un bono de popularidad lo suficientemente grande para que sus seguidores no hagan mucho caso a los desaires del amigo “capitalista” con quien no quiere polemizar.

¿Quién pierde en este golpeteo que apenas comienza? Hay que recordar que este es el primero de muchos actos de campaña hacia las elecciones intermedias de noviembre próximo en los Estados Unidos y México será uno de los temas de la agenda política por tres cuestiones: la seguridad, la migración y la fallida reforma constitucional energética. Lamentablemente, México será la piñata y el presidente López Obrador no podrá hacer nada para evitarlo, aunque tenga las mejores intenciones y el propósito de hacerlo.

El expresidente está cobrándole la cálida recepción en la Casa Blanca en la que acogió como amigo al “socialista” del sur y a quien le ha demostrado con muchos gestos el menosprecio trumpiano y será el tópico favorito de un buleador profesional en su campaña contra el “Sleepy Joe”. La incondicionalidad de la autollamada 4T y sus simpatías por el populista serán una factura muy cara.

La lección para el presidente López Obrador, si no quiere ser nuevamente la piñata de la fiesta, consiste en que debe elegir mejor a sus aliados y amigos. Trump pagó a López Obrador su apoyo indirecto a la aventura trumpiana descalificadora de las elecciones norteamericanas, que consistió en el retraso en el reconocimiento de Joe Biden como presidente electo, con la humillación pública.

El revire del mexicano fue tibio y minimizando la importancia del hecho que la ofensa se inscribe en un contexto de campaña, la cual tendrá una duración de más de siete meses. Trump seguramente presumirá en todos los mítines políticos en los que participe sus habilidades para obligar a los que el considera indeseables a someterse a sus deseos, tal y como lo hace su admirado Putin. ¿Será digno para el presidente López Obrador y su secretario Ebrard eludir la confrontación?

Si parte de la estrategia para no permitirle a nadie en Estados Unidos América que utilice a México de piñata electoral, es la primera gira internacional del presidente López Obrador, que incluirá la visita de dos gobiernos autoritarios identificados con la persecución de los periodistas: el cubano y el salvadoreño, entonces, la estrategia está equivocada.

La existencia de la política pública “Quédate en México” y el despliegue de la guardia nacional en el sur para controlar la migración centroamericana, así como el papel de tercer país seguro en el éxodo ucraniano desempeñado por nuestro país con los refugios en Tijuana, Baja California confirman que algo de cierto tienen las remembranzas trumpianas.

Es el momento de marcar distancia con Trump cuya reelección se percibe como un riesgo para los mexicanos que residen en nuestro país y en Estados Unidos y para la comunidad mexicanoamericana que representan más de 30 millones de personas. O ¿El gobierno es masoquista y le gusta ser la piñata?

 

Investigador del Instituto Mexicano de Estudios
Estratégicos de Seguridad y Defensa Nacionales
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