Una reseña de la obra clásica de Moliere, Médico a palos, la sintetiza de la manera siguiente:

“Un día Ginés y Lucas dos criados, buscan desesperadamente a un médico que alivie a Doña Paulita que es hija de su patrón don Jerónimo. Paulita tiene una extraña enfermedad, Martina ve una gran oportunidad de jugarle una broma pesada a su marido, les dice a los criados que en el bosque hay un insigne médico con una personalidad única y excéntrica que, para que confiese sus conocimientos, se le debe propinar una paliza.”

La contingencia sanitaria derivada de la pandemia, cuya estrategia principal es la sana distancia, que comenzó con la suspensión de clases presenciales y la sustitución de las mismas por medios remotos digitales de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), plataformas educativas o para conferencias o reuniones a distancia.

A dos meses de iniciada la contingencia, todos los profesores nos hemos convertido, de alguna manera, en informáticos a palos. La necesidad y la presión de continuar con nuestras relaciones académicas nos han orillado a recurrir a las herramientas de las TIC, que teníamos a disposición, pero que ocupábamos poco o nada como auxiliar didáctico.

En educación básica y secundaria la falta de acceso a internet imposibilita esta transformación y se está utilizando la televisión abierta para impartir clases a millones de estudiantes. Una situación distinta existe en la educación media superior, superior y posgrado, en las que hay limitantes de acceso, pero son menores.

En ese sentido, quienes teníamos y tenemos acceso a las TIC como herramienta académica nos hemos reentrenado en el proceso de aprendizaje y paulatinamente hemos “somatizado” esta virtualización del contacto con los alumnos. Algo que era una posibilidad lejana, una mera inquietud, en nuestro inconsciente colectivo del gremio de profesores, se convirtió en una acción ineludible y rápidamente nos adaptamos a la contingencia, que ahora nos parece algo imprescindible para el día después de que termine el encierro social, el #quédate en casa.

A palos, por el decreto de emergencia sanitaria, nos convertimos en informáticos. En realidad, nos estábamos tardando en asumir estas nuevas formas de interactuar. No es la educación en línea, que tiene otras características, en realidad estamos ante una virtualización del espacio académico, que ayudará a aumentar la oferta educativa, con ello abatir los rezagos en el acceso a los centros educativos públicos y privados por la disminución de los costos, la reducción de tiempos de traslado y el mejor aprovechamiento de la infraestructura instalada.

El contacto directo profesor-alumno es importante en la formación, pero esto puede ser reducido significativamente para expandir el espacio académico a más personas, tanto en el número de receptores del conocimiento como el de emisores. Los cursos semipresenciales como complemento virtual es un esquema para el día después. Un ejemplo de esto son los tutoriales y podcast que inundan la red con lo que rellenan lagunas de conocimiento y generan competencias.

Las posibilidades de compartir el conocimiento que se genera y divulga con el debate de ideas en cátedras, mesas redondas, conversatorios o conferencias magistrales aumentan exponencialmente con los webinar que afortunadamente han proliferado en la red. Las instituciones educativas y los centros de divulgación de cultura y conocimientos técnicos recurren a este medio para mantener su presencia en la comunidad y comunicar lo importante en una época de incertidumbres.

El webinar es un neologismo que combina la palabra web (red) con seminario para referirse a un video con contenido educativo o práctico. No es una videoconferencia en el que el emisor es un protagonista con baja interacción. El webinar es una instancia sincrónica “inventada” desde 1998 y que había sido poco explotada hasta que llegó la contingencia, que nos orilla al uso extensivo de esta herramienta TIC.

Los participantes se convierten en emisores y receptores durante el seminario. El organizador y coordinador del seminario reduce en protagonismo y varios expositores intervienen simultáneamente con quienes, en los medios tradicionales o más rígidos, asumen un papel pasivo.

Hoy, por la fuerza de los acontecimientos, “descubrimos” que hay herramientas gratuitas que ofrecen calidad en imagen y plataformas profesionales con costos accesibles o previamente adquiridas por las instituciones de educación superior que estaban subutilizadas. Los webinar son una solución para transmitir conocimiento con eficiencia desde sitios geográficamente separados que rompen con el esquema unidireccional de la comunicación. Que la contingencia sea una oportunidad para la creatividad académica que llegó para quedarse y no una simple “paliza” circunstancial que no modifique sustancialmente la relación con las TIC en la educación superior.

Secretario del INAP
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