El distanciamiento político de la Federación con algunos estados ha sido progresivo desde el inicio del gobierno de la 4T. Afirmar que esta semana asistimos al fin de la CONAGO es una exageración, pero la división de la República es evidente, no necesariamente grave. La salida de 10 gobernadores de esta agrupación es un síntoma de que no hay diálogo fluido entre el gobierno federal y los gobiernos estatales del norte, centro y occidente del país.

La Reunión de la República fue el detonante de la división en la CONAGO. El primer encuentro con todos los gobernadores y el Presidente acabó con un discurso desconectado de la realidad de la Secretaria de Gobernación en el que se ofreció todo y no concretó nada y con las palabras prudentes del Gobernador de San Luis Potosí, quien destacó que se habían logrado algunos acuerdos y abierto espacios para el diálogo.

La Alianza Federalista por México, desde antes de la reunión, durante y después de la misma, expresó que no había un ánimo receptivo a sus propuestas en dos temas: el pacto fiscal y la estrategia de atención de la pandemia.

Esta semana, los gobernadores que la integran determinaron no participar en el foro de diálogo que representa la CONAGO y radicalizar su posición frente a las políticas públicas impulsadas desde Palacio Nacional y orientadas al sureste con la construcción de los proyectos emblemáticos del sexenio: el tren maya y la refinería de Dos Bocas.

La CONAGO es una asociación civil, NO es una estructura del Estado Federal, como lo son la Reunión Nacional de Funcionarios Fiscales o el Sistema Nacional de Seguridad Pública, y el ingreso y salida de sus miembros es libre. ¿Pierde peso político la CONAGO con el cisma? No, si el Presidente conserva el diálogo en ese foro con los 22 gobernadores restantes que se quedan integrándola.

La República no está en quiebra, pero no es conveniente para la estabilidad política que las relaciones de cooperación-confrontación connaturales a cualquier federalismo se expresen en forma de discordia irreconciliable por los gobernadores o indiferencia-por el Presidente, quien en la mañanera siguiente al rompimiento lo minimizó.

En plena crisis sanitaria y económica, que requiere la unidad nacional, presenciamos lo contrario. Lo extraño es que AMLO ubica el incidente en su permanente lógica de considerar que toda discrepancia con su proyecto es una estrategia del conservadurismo o de los emisarios del pasado corrupto, desterrado sólo en su imaginación. Lo reduce a una estrategia convenciera para obtener más presupuesto para el 2021.

En contraste, el discurso de los gobernadores “rebeldes” convoca a la unidad y evita la confrontación con los gobernadores que consideran que la CONAGO es una vía adecuada de dialogo, pero recurre abiertamente al regionalismo militante para fortalecer su posición frente a la Federación.

El primer año del sexenio, los gobernadores soportaron estoicamente los abucheos en las visitas presidenciales a sus estados y la designación de un “superdelegado” con la fuerza de disponer el destino de las aportaciones federales y participar en el juego electoral. Esto es el regreso del modelo centralizador de los hilos de la sucesión local a la Ciudad de México.

El segundo ha sido pletórico en reclamos y desencuentros. Los regaños públicos del subsecretario de salud por el manejo de las cifras de la pandemia han sido fuente de distanciamiento hasta con los más fieles como la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y los gobernadores de Baja California y Tabasco.

La República no se quiebra. Lo narrado son las manifestaciones de un federalismo vivo y actuante. Si algún consejero presidencial supone que el federalismo no existe y que es una copia extra lógica del norteamericano y que los estados son sumisos a la voluntad del centro, ésta es una prueba de que está en el error.

Muchos confunden la cooperación entre los poderes federales y estatales como un sometimiento. En el fondo, hay un permanente proceso de negociación -un toma y daca- en el que los gobernadores y los funcionarios federales buscan el bienestar nacional desde distintas perspectivas. Esto, evidentemente, provoca que haya posiciones confrontadas que suelen resolverse con el diálogo en espacios como la CONAGO.

El cisma en la CONAGO no es un preludio de un movimiento separatista, pero tampoco es un suceso sin importancia. ¿Cuál será la reacción del gobierno federal? ¿Aislar a los “rebeldes” o buscar otras instancias de comunicación? Lamentablemente, el estilo personal de gobernar de AMLO no ayuda a la generación de consensos y los gobernadores opositores son populares en sus estados. La Reunión de la República fue una oportunidad perdida, desaprovechada, y no se detuvo la progresiva confrontación. El discurso de la Secretaria de Gobernación en el que todos los problemas se habían resuelto y que habría más recursos para todos estaba -está- fuera de la realidad. Esta semana lo confirmamos.

Socio Director de Sideris, Consultoría Legal

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