La farándula y las elecciones del 2021

Carlos Matute

“Yo no pierdo nada si la gente decide no votar por mi. Yo no tengo porque andarme ensuciando los zapatos por ayudar a la gente, si pierdo la elección a diputado federal me regreso a mi casa a comer tres veces al día, a encargarme de mis negocios y pasear en moto los fines de semana". (Expansión, 5-04-21) Estas fueron las palabras con las que Alfredo Adame pretendió defenderse de un audio filtrado que lo exhibe como un desleal al partido que lo postuló a una candidatura a diputado federal y un vividor de la política.

Independientemente de la veracidad del contenido del audio, si éste fue editado o no, si los millones que se mencionan se relacionan con pesos o cubrebocas y si es cierto que el actor dijo que los dueños de RSP (Redes Sociales Progresistas) eran AMLO, Elba Esther Gordillo y Marcelo Ebrard, la defensa es un autogolpe. Descubre la ralea de Adame. La declaración es una auténtica pieza de diván de psicoanalista.

Muestra que la gente no le importa y que, para él, el voto ciudadano no es más importante que su propio ego. Adame sí pierde algo, si no gana la elección. Primero, pierde la diputación, la honrosa representación de un distrito, que, en términos aritméticos, es el 0.3% del pueblo, y la gran oportunidad de que sus palabras sean algo más que un cansino mensaje de merolico televiso y se conviertan en parte de la voz de quienes pretende representar.

Además, pierde la oportunidad de que las personas reconozcan en él algo más que un simple actor/conductor de televisión y que con su voto lo crean capaz de ser un ser humano con compromiso social más allá de sus intereses mezquinos y comodinos.

Adame evidencia su soberbia al considerarse superior a sus conciudadanos a quienes, por cierto, va a dirigir su campaña para que le otorguen su confianza, y su desprecio por el trabajo de los activistas sociales y políticos que forjan una imagen “ensuciándose los zapatos” con la gente, escuchando sus inquietudes y problemas para convertirlos en acciones legislativas y ser una voz auténtica de la comunidad.

Exhibe su falta de empatía con los electores. Si un cargo de representación política no sirve para ayudar a la gente, entonces, ¿cuál es la razón de su existencia? Alfredo Adame deja en claro que para él la política sólo es una fuente de prebendas prescindibles para adornar su imagen televisiva, que es un poco acartonada.

Desnuda su alma materialista y descubre que su dios es el becerro de oro. Lo único que realmente importa es comer tres veces al día, sus negocios y pasear en moto. Ayudar a los demás y la solidaridad social no están dentro de su proyecto vital.

Ante esta confesión de Adame ¿qué pudo haber sucedido?

1.- Que el partido que lo postuló guarde silencio culposo, haga su estrategia de control de daños mediáticos y continúe con el apoyo a la campaña como si nada hubiera pasado.

2.- Que el candidato, por decoro y en congruencia con su forma de pensar, se disculpe con los electores y el partido que lo postuló y presente su renuncia irrevocable, con ello se ahorra la limpieza de sus zapatos y regresa a su casa a hacer lo que más le gusta.

3.- Que el partido que lo postuló le retire la candidatura, ofrezca una disculpa a la ciudadanía por la mala selección de candidatos y la falta de cuadros profesionales y comprometidos con la democracia y explique aquello de que esa organización es propiedad, entre otros, de la suegra de su líder.

4.- Que todos hagan como que no pasa nada, que acepten tácitamente que el voto ciudadano no vale nada y que las urnas son un medio para que un grupo de personas más o menos conocidas, cuya trayectoria profesional es ajena a la política, acceda a prebendas a cambio del uso de su imagen pública. Lamentablemente esto fue lo que sucedió.

Los faranduleros, “los famosos” como se les conoce en las revistas de espectáculos, como cualquier ciudadano, tienen derecho a ejercer su derecho político a ser votados para un cargo de elección popular y es legítimo que los partidos políticos los postulen para aumentar su votación y su influencia en la toma de decisiones en el poder legislativo.

Sin embargo, la selección de candidatos soberbios y/o estultos sí afecta. El caso de Adame es paradigmático y muestra a qué tipo de personajes no se debe postular. Hay que señalar que este mal no es exclusivo de los faranduleros, también están los casos de Onésimo Cepeda, alto clero, y el “toro” guerrerense, Salgado Macedonio. Las elecciones son valiosas y es un deber de todos cuidarlas, especialmente de los partidos políticos.

Socio director de Sideris, Consultoría Legal
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