El tonto de la colina del CIDE

Carlos Matute

Day after day alone on the hill
The man with the foolish grin is keeping perfectly still
But nobody wants to know him
They can see that he’s just a fool
And he never gives an answer

 

Esta canción escrita por el Beatle Paul McCartney en alusión a un promotor de la contracultura, el indio Maharishi, es una expresión lírica de lo que sucede cuando una persona cree que sólo él tiene la razón y el resto son unos tontos.


He never listens to them
He knows that they’re the fools
They don’t like him

Cuando el tonto de la colina se sienta a mirar el mundo rodar desde una posición de poder con su sonrisa estúpida y a vociferar sin sentido para que los demás lo respeten y lo obedezcan, la vida institucional se deteriora. El trabajo se detiene y lo construido se desmorona.
 

And nobody seems to like him
They can tell what he wants to do
And he never shows his feelings

 

Nadie estima al tonto que vive encerrado en su realidad y a nadie le importa lo que haga. La vida colectiva corre muy alejada de la colina que él domina y todos se sientan a esperar que algún día la institucionalidad se reconstituya.

El Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) está sumido en un diálogo de sordos provocado por un tonto impuesto en la Dirección que ha roto relaciones con la comunidad estudiantil y el profesorado y que se dedica a mirar desde su oficina la puesta del sol mientras su apoyo político convoca a la reunión de la asamblea de asociados, que son personas morales públicas, el 14 de enero, para revisar los estatutos de ese centro y concentrar la toma de decisiones.

El tonto de la colina no hace mayor esfuerzo por levantar el paro de actividades, se limita a nombrar a sus incondicionales en los puestos académicos y administrativos que van quedando vacantes por las renuncias y despidos y teje una estrategia para reducir al consejo académico a un papel de observador o mero opinador.

Desde el CONACyT, se ha orquestado un ataque sistemático a los centros de investigación que gozaban de autonomía financiera y libertad de pensamiento, primero, con la desaparición de los fideicomisos públicos no entidad destinados a la investigación y luego con la limitación de la participación de la comunidad académica en la toma de decisiones. El CIDE padece de un injusto etiquetado impuesto por el titular del Ejecutivo que en sus mañaneras lo acusó de ser un “nido de neoliberales” y, por tanto, adversarios de la autollamada 4T.

El tonto de la colina y su titiritera creen que el sometimiento del CIDE a la lógica burocrática centralizadora es una instrucción presidencial (tal vez lo sea) y, en ese sentido, no importan la normatividad existente, ni el derecho a la libertad de cátedra, ni a la autonomía de gobierno de las comunidades académicas contenidas en la fracción VIII del artículo 3 de la Constitución, que pueden hacerse a un lado para demostrar a los estudiantes y profesores quien manda. La más pura expresión del voluntarismo político en un espacio que debiera ser abierto e incluyente a las diversas visiones de la economía, la sociedad, el derecho y el poder.

El tonto de la colina prepara dos golpes más para debilitar a quienes no se someten a sus designios en razón a que la posición que ocupa no le corresponde conforme a los estatutos del CIDE. Primero, eliminar el molesto requisito no cumplido en su nombramiento que le otorga intervención al Consejo Directivo y que lo convierte en un director espurio y segundo modificar los estatutos para eliminar la rendición de cuentas de la Dirección General al Consejo Académico.

La comunidad académica del país puede fingir que no pasa nada si se violenta la autonomía de gobierno que se logró en el CIDE con el derecho del Consejo Directivo de formalizar el nombramiento del Director General, la designación del secretario académico entre los profesores activos y la participación activa del consejo académico en la toma de las decisiones institucionales, pero esta actitud soslaya que con esto se abre la puerta para que desde el poder se impongan más tontos de la colina en las direcciones de las instituciones de educación superior y los centros de investigación.
 

The man of a thousand voices talking perfectly loud
But nobody ever hears him
Or the sound he appears to make
And he never seems to notice

 

El tonto de la colina no escucha ninguna voz, repele los consejos y recurre a la indiferencia ante las protestas de los estudiantes. El se queda quieto mirando la puesta del sol y sólo se mueve cuando lo indica su titiritera. Vale.
 

Investigador del Instituto Mexicano de Estudios
Estratégicos de Seguridad y Defensa Nacionales
[email protected]
Facebook.com/cmatutegonzalez
Twitter @cmatutegonzalez
www.carlosmatute.com.mx
TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios