El recuento del 2021

Carlos Matute

El año del rebote insuficiente y la pandemia domada, solo en la imaginaria presidencial, pero nada memorable. La repetición de un discurso cansino, que raya en un oficialismo burdo que pinta realidades inexistentes y que apuesta a la inercia de la popularidad del Caudillo para justificar la falta de resultados medibles y tangibles. La autollamada 4T es más verbo que acción y todavía le alcanza para presumir apoyo político. El proceso de la revocación ratificatoria es clave para conservar la ilusión de cambio hacia un mayor bienestar. El resurgimiento del presidencialismo autoritario.

¿Qué se estacó?

El combate a la corrupción e impunidad. A nadie se castiga por sus malas acciones, ya sean amigos o adversarios. Las instituciones de procuración de justicia se movilizan para mandar mensajes desde el poder y ajustar cuentas entre grupos como el caso de Rosario Robles y los consejeros del INE. La Función Pública tocó fondo hasta que hubo un relevo orientado a la mejora y a poner la casa en orden después del desastre de los dos primeros años de gobierno.

La tasa de incidencia de homicidios que continúa alarmantemente alta y hay algunos avances regionales en la reducción de los delitos “menores”, pero todavía hay extensos territorios bajo la presencia y amenaza permanentes de los señores del narco.

La creación de empleo que con la política de prohibición de la subcontratación se movilizó de una unidad jurídica a otra, pero no aumentó, ni mejoró la precariedad del mismo. Las cifras son elocuentes: la recaudación por cuotas obrero-patronales creció en un 3% real, pero la pobreza laboral hoy es mayor y el retiro de la cuenta individual por desempleo alcanzó cifras históricamente altas.

¿Que retrocedió?

El acceso a la salud y a la educación. Las estrategias de centralizar los servicios médicos y para ofrecer medicinas gratuitas a toda la población han fracasado y las acciones para evitar los efectos negativos de la pandemia en la enseñanza pública a todos los niveles fueron insuficientes y aumentó la deserción escolar en los grupos más marginados.

Las políticas de competencia y racionalidad económica en el sector energético cuyas tasas de inversión disminuyeron y el subsidio presupuestal para el rescate de las empresas productivas del Estado que se ha otorgado no alcanza para sacarlas del estado crítico y la ruta del regreso al monopolio gubernamental no presagia tiempos mejores.

La política migratoria más represiva y plegada a los intereses de los Estados Unidos que ha impuesto la agenda en el tema a cambio de escasos gestos de amistad y buena voluntad.

La relación respetuosa entre los poderes. Hoy la mayoría en el Congreso renunció a su derecho a imponerle límites al gobierno, que es la razón de la existencia de la división de poderes, y apoyar ciegamente, sin mover una coma, las iniciativas del Ejecutivo y la oposición negocia migajas o impunidad a cambio de allanar el camino a los proyectos de contrarreforma energética y electoral.

El presidente de la SCJN se enredó en su propia ambición personal y dejó vivir demasiado la posibilidad de que su mandato se ampliará para que finalmente, arrinconado por lo razonable, declarara que mantenerse más tiempo en el encargo era inconstitucional. Esta tardanza perjudicó la percepción de la opinión pública sobre la independencia e imparcialidad que deben mantener los jueces frente al poder político.

Los embates permanentes a la autonomía de los órganos no subordinados al Poder Ejecutivo y el desprecio a la autonomía profesional y técnica de la administración pública con el retorno de la política de lealtad a la persona o al proyecto más que a la profesionalización. El retorno al “spoils system”, el clientelismo, que consiste en despedir servidores públicos por el cambio de gobierno con base en la afinidad y no el mérito.

¿Dónde hay indicadores de cierto descontrol financiero?

En la inflación y la deuda pública. No hay guardaditos para hacer frente a los compromisos asumidos y el déficit operativo del gobierno aumentará en el 2022, con lo que éstas pueden ser las causas de que la política de aumentar el mínimo mínimo fracase.

¿En qué se avanzó?

En el discurso, que cada día es más triunfalista y reivindicador de derechos. En la percepción positiva que tiene de sí mismo el gobierno que no corresponde a la social que apoya a AMLO, pero reprueba su gestión pública en seguridad, combate a la corrupción y salud.

El recuento de resultados de 2021 es pobre, pero el recuento oficial, la repetición hasta la saciedad de la narrativa gubernamental que pinta un cambio irreversible hacia el bienestar, es rico en logros de saliva y edificación de castillos de naipes.

Hagamos votos para que las obras emblemáticas del sexenio sean tan positivas socialmente y generen el desarrollo incluyente prometido en el 2018.

 

Investigador del Instituto Mexicano de Estudios
Estratégicos de Seguridad y Defensa Nacionales
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