El desvío de poder confesado y tolerado

Carlos Matute

¿Qué es el desvío de poder? Es aquella práctica ilegal y sancionable política y administrativamente del ejercicio de la autoridad y uso de recursos públicos con fines distintos al interés general y en beneficio de una persona o grupo por cualquier motivo.

El desvío de poder es complicado de probar, ya que la intencionalidad de la acción gubernamental -los fines perseguidos- normalmente son expresos y vinculados con la búsqueda del bienestar colectivo. Es difícil que un individuo que lo comete confiese que traicionó su compromiso con el pueblo, con la sociedad en su conjunto, para favorecer a una corriente política o un interés económico personal o empresarial.

El principio básico en una sociedad plural es que el gobierno nombrado democráticamente se ejerza en beneficio de todos y no sólo del partido, movimiento o grupo político que contribuyó a su triunfo electoral.

Entonces, el desvío de poder necesita para que sea sancionado que los involucrados en este tipo de acciones u omisiones indebidas manifiesten que utilizaron los recursos públicos o ejercieron su autoridad con fines distintos al general en provecho personal o de un grupo.

Hay delitos o faltas administrativas que suponen la existencia de desvío de poder como sucedió con la multa impuesta a MORENA y confirmada por el TEPJF por unanimidad por la retención de un porcentaje del salario de los trabajadores del Municipio de Texcoco por su entonces presidenta, hoy Secretaria de Educación Pública, la maestra Delfina Gómez.

Si bien no se acreditó un beneficio concreto y directo a favor de la campaña electoral para diputada de Delfina Gómez, la falta se acreditó con base en varias transferencias bancarias no justificadas y las declaraciones de la involucrada en las que aceptaba que los recursos retenidos a los trabajadores eran para apoyar a MORENA (El País, 13-01-22).

El desvío de poder se infiere cuando el delito o falta sancionada conforme al tipo penal o conducta indebida contenida en las leyes se castiga y se confirma en el momento que el inculpado confiesa que los fines de su acción u omisión son distintos al bienestar colectivo.

La reacción del gobierno federal corrió a cargo del presidente en la mañanera quien declaró “Quiero expresar mi absoluta confianza a la maestra Delfina (...) Esta señora, esta mujer es honesta, digna, es un ejemplo. Me siento orgulloso de que sea la secretaria de educación del gobierno federal”. Esto no es cuestionable jurídicamente porque toda persona puede libremente otorgarle su confianza a quien decida bajo su riesgo, pero políticamente desgasta la credibilidad del titular del ejecutivo.

Lo que puede configurar el desvío de poder es que el presidente reconoce que los “trabajadores del Ayuntamiento aportaron recursos para el movimiento” y justifica la conducta de su colaboradora en razón a que ella no se quedó con el producto de la recaudación y vive con modestia en Texcoco. (El Universal, 19-01-22).

Ciertamente, la acusación a Delfina Gómez no es por enriquecimiento ilícito, sino de concertar una red de financiamiento a MORENA prohibido por las leyes electorales. Tampoco, nadie cuestiona su lealtad al movimiento, al contrario, hay un reconocimiento personal del presidente quien le tiene absoluta confianza (sic) y la nombró Secretaria de Educación Pública.

Lo repudiable es, en este caso y en otros más, que López Obrador confunde enriquecimiento ilícito con desvío de poder. En su discurso, quien viola la ley en beneficio del movimiento es digno de su confianza, aunque beneficie con recursos públicos o ejercicio de la autoridad indebida e inequitativamente a una de las muchas expresiones y movimientos políticos de la sociedad en perjuicio del interés general y con ello tolera y hasta consiente el desvío de poder. Sólo en los totalitarismos el Pueblo se expresa sólo por la voz del líder.

Lo riesgoso de estas prácticas de financiamiento político poco “ortodoxas” es que se llevan a cabo en la opacidad y con intención de ocultarlas porque se sabe que son ilícitas y aumenta la posibilidad de que no todo el recurso llegue a la causa “noble” y quede en los bolsillos de los operadores. Bejarano y su esposa Padierna saben mucho de esto.

Si el presidente está seguro de que Delfina Gómez no se quedó con parte de las aportaciones y su argumento para defenderla es que vive con modestia en Texcoco, puede que peque de ingenuo por juzgar con base en apariencias o utilice una salida fácil para distraer sobre lo importante que es el desvío de poder cometido y confesado.

El desvío de poder, ya sea para el enriquecimiento ilícito de una persona o grupo o para favorecer a que un partido político obtenga o se mantenga en el poder, debe ser reprobado y sancionado y es una de las prácticas más corruptas en las que puede incurrir un gobierno.

Investigador del Instituto Mexicano de Estudios
Estratégicos de Seguridad y Defensa Nacionales
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