“Contra viento y marea y aunque no le guste a The Economist, a los conservadores ni al sabiondo de Zaid...”, escribió Andrés Manuel López Obrador en su cuenta de Twitter el 30 de mayo pasado. Conocido era ya para entonces su disgusto por la crítica abierta a su gobierno que le había hecho unos días antes el semanario británico, además de que es de sobra conocido que una de sus muletillas favoritas es, y será durante todo el sexenio, la de “los conservadores”. La sorpresa en esa cita fue más bien el término despectivo, “sabiondo”, que le enjaretó al celebrado poeta y ensayista mexicano Gabriel Zaid.

Seguramente estaba molesto porque había leído horas antes, en el periódico Reforma, una columna de Zaid en donde afirmaba que López Obrador “resultó otro Fox: un dicharachero que no sabe que no sabe”. Ahora bien, a la luz de lo acontecido en los últimos años, el juicio del poeta probablemente sea compartido por un buen número mexicanos, y esto el propio Presidente lo debe intuir. ¿Para qué entonces tratar de ningunear en público ni más ni menos que a Gabriel Zaid?

Quizás por mero arrepentimiento. La verdad es que, al contrario de los ninguneos que desde hace años el Presidente prodiga a casi todos los intelectuales, el gran poeta se había librado, e inclusive con cierto estilo. El 17 de septiembre del año pasado, 2020, alrededor de siete centenares de personas firmaron el desplegado “Esto tiene que parar”, en el que, con toda justeza y ejerciendo su derecho, le piden al presidente de México respeto a la libertad de expresión. Al siguiente día, en el acostumbrado sermón circense de la llamada mañanera, el Presidente se lanzó en contra de todos los signatarios. A excepción de Zaid, lo que fue notorio.

La versión estenográfica de la mañanera del 18 de septiembre, registrada ese día por EL UNIVERSAL, recoge la siguiente intervención de López Obrador: “A ver, el señor Gabriel Zaid, que es un hombre inteligente, aunque muy conservador, pero es inteligente, que ponga sobre la mesa todos los periódicos de hoy, un análisis de contenido, además a él le gusta hacer estas investigaciones, sencillas y profundas, nada más que lo domina su conservadurismo, pero sería muy bueno [...] que vea la forma tendenciosa en que se hace periodismo en México y que me conteste sobre esto [...] Nunca, Gabriel, se había atacado tanto a un presidente desde Madero como ahora; nunca, desde Madero, y esto es muy parecido a lo que le hicieron a Madero desde la prensa conservadora, escritores conservadores, intelectuales conservadores, poetas, Gabriel, conservadores”.

Esa muestra tan obvia de respeto del Presidente hacia Zaid podría haberse debido a que él, como el resto de nosotros, simplemente quería reconocer la admirada obra poética del maestro. Y quizás también a que en esa intervención presidencial estaba siendo implícitamente recordado Carlos Pellicer, el gran poeta tabasqueño con el que López Obrador hizo sus pininos en la política mexicana. Pero, más bien, la clave en el párrafo anterior parecería ser otra: la referencia a las investigaciones “sencillas y profundas” del también gran ensayista. Desde hace décadas todos los mexicanos leemos con avidez cualquier escrito de Gabriel Zaid que caiga en nuestras manos. Finalmente, un sabio es un sabio.

Profesor del Tecnológico de Monterrey.

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