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03/02/2020
03:01
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Hace unos días el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) divulgó, de manera preliminar, una noticia que ya se veía venir: el producto interno bruto (PIB) de México cayó 0.1% en 2019 respecto al de 2018. ¿Qué significa lo anterior? Aunque el PIB no es la variable más adecuada para ese fin, la caída sugiere a su vez que, en promedio, el ingreso de todos los mexicanos cayó en 2019. Pero no por 0.1%, sino por un porcentaje del orden de 1% en términos per cápita, pues durante ese año la población total se incrementó en alrededor de 1,250,000 mexicanos más.

¿Fue esa caída en el ingreso significativa? Depende obviamente de la situación económica de cada persona. Por ejemplo, dado que los adultos mayores recibieron, o debieron haber recibido, un apoyo bimensual de 2,550 pesos, esto más que compensó esa caída. Por otro lado, para el 56% de la población económicamente activa que se encontraba en el desempleo, tenía un trabajo informal o sufría precariedad laboral, el año pasado fue seguramente muy malo. Pero, dejando de lado los ingresos, ¿se incrementó en 2019 el bienestar social, como afirma el presidente López Obrador? Muy probablemente no, pues los servicios públicos en materia de educación, de salud y de seguridad pública siguieron siendo tan malos como antes, si no es que peor.

Mucho se ha escrito acerca de los factores que estuvieron atrás de ese desplome, pero vale la pena repetir los tres más importantes. El mayor factor fue la caída pronunciada de la inversión. La inversión pública cayó debido tanto a una falta de presupuesto como a decisiones de inversión erróneas o tardías; la inversión privada cayó debido a una creciente cautela por parte del sector empresarial y una sobrerregulación en el sector de la construcción. El segundo factor importante, que algunas veces se olvida, fue la política monetaria excesivamente contractiva adoptada por el Banco del México durante más de la mitad del año. Y el tercer factor de peso fue la fase de desaceleración por la que pasa la economía estadounidense, especialmente en el caso de su sector de manufacturas (el cual empuja al nuestro).

En términos de crecimiento económico, ¿qué nos depara el presente año? Es poco probable que el gobierno pueda cumplir con su meta de un crecimiento del 2% del PIB. El consenso, razonable, en este momento es que el crecimiento rondará el 1%. El año pasado las exportaciones mexicanas lograron crecer, al contrario de casi todo el resto de la economía, pero ese desempeño positivo probablemente no logre repetirse si es que la economía estadounidense continúa desacelerándose. Por otro lado, la falta de inversión tanto pública como privada seguirá siendo el flanco más débil de nuestra economía. Muy lejos se ve ya la posibilidad de una inversión del orden del 25% del PIB, el porcentaje mínimo que se requeriría para poder crecer de manera sostenida a tasas del cuatro por ciento anual.

Ese magro crecimiento llevará a su vez a una insuficiente oferta de puestos de trabajo en el sector formal. También ocasionará que sea muy difícil alcanzar la meta de ingresos tributarios que fue aprobada por el Congreso para este año. Dada la creciente presión de gasto por parte de los nuevos programas sociales y de salud, es casi seguro que este año el gobierno tendrá que volver a retirar dinero del llamado Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, el cual llegó a alcanzar una cifra del orden de 260,000 millones de pesos. El año pasado tuvo que usar 125,000 millones de ellos, y este año probablemente acabe por retirar el resto.

No hay vuelta de hoja: un crecimiento económico robusto y sostenido es una condición necesaria, aunque no suficiente, para que todos los mexicanos podamos vivir con dignidad.

Profesor del Tecnológico de Monterrey

Carlos Urzúa
Carlos Manuel Urzúa Macías es investigador nacional en su mayor nivel desde 2004, y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias.