¿A quién sirve la economía? Cedo la palabra al francés Jean Tirole, quien no es solamente un Nobel de economía, sino también, a mi juicio, el más brillante de los Nobel recientes. En su libro, La economía del bien común, Tirole afirma desde las primeras páginas que: “La economía no está ni al servicio de la propiedad privada y los intereses individuales, ni al de los que querrían utilizar al Estado para imponer sus valores o hacer que sus intereses prevalezcan. Rechaza tanto la supremacía del mercado como la supremacía del Estado. La economía está al servicio del bien común; su objetivo es lograr un mundo mejor”.

La cita anterior viene a cuento a raíz de la publicación del nuevo libro de López Obrador, llamado, de manera un tanto extravagante, Hacia una economía moral. Y así como el título es extraño, su contenido también lo es. Por un lado, de economía no tiene casi nada, excepto por datos, sobre todo sociodemográficos antes que económicos, regados por aquí y por allá. Por el otro, de tratado moral tiene menos, por lo que supongo que el título del libro debe mucho al empleado por Alfonso Reyes en su Cartilla moral.

El libro es, en el fondo, una versión corregida y aumentada del manifiesto político que el presidente López Obrador logró que aprobara la Cámara de Diputados como Plan Nacional de Desarrollo (PND). Sobre este asunto no abundaré más, pues escribí ya al respecto en mis columnas del 22 y 29 de julio pasado. Sólo anoto aquí una corrección hecha por él: no aparece ya en el libro la aseveración presente en el PND de que a fines del sexenio la economía habrá alcanzado “una tasa de crecimiento de 6 por ciento, con un promedio sexenal de 4 por ciento”. Y también anoto un error que persiste en ambos textos: su insistencia de que “no se gastará más dinero del que ingrese a la Hacienda Pública” es incorrecta. La deuda contratada en 2019 será del orden de 500,000 millones de pesos, y esa cifra crecerá más en 2020.

En su crítica a lo que él llama el periodo neoliberal, el comprendido entre 1983 y 2018, el villano favorito es, por supuesto, Carlos Salinas de Gortari. Que en la administración salinista se cometieron errores garrafales, nadie lo duda. No solamente el proceso de privatización seguido entonces estuvo viciado de origen, sino que las políticas fiscales, monetarias y cambiarias fueron también incorrectas. Pero López Obrador centra toda su crítica en las privatizaciones, ya que, arguye, éstas beneficiaron a tan solo un puñado de potentados (entre ellos algunos cercanos hoy a él).

Es por ello que, continúa el argumento de López Obrador, la distribución del ingreso en México empeoró aún más durante ese periodo. En efecto, el coeficiente de Gini, una medida de concentración de los ingresos que toma valores entre 0 y 1, sí empeoró en esos años. El valor del índice pasó, de acuerdo con la OCDE, de 0.45 en 1984 a 0.52 en 1994, para luego decrecer un poco. Y si ya cualquier valor del índice por encima de 0.4 debería ser motivo de preocupación en cualquier país, cuando se cruza el umbral de 0.5 todas las alarmas deberían ser encendidas.

Pero de lo anterior no se sigue, como el autor piensa, que el periodo neoliberal es el mayor causante de la pésima distribución del ingreso que sufre México. Me temo que no. De acuerdo con los cálculos hechos hace décadas por Ifigenia Martínez, la brillante economista hoy senadora, el coeficiente de Gini rondaba el 0.45 en 1958, al inicio del llamado periodo del desarrollo estabilizador. Y de ese estimado, idéntico al de la OCDE para 1982, el índice se incrementó hasta 0.56 en 1975. Bajo solo esa óptica, el periodo del pre-neoliberalismo fue igual de malo.


Profesor del Tecnológico de Monterrey

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