Un presidente desesperado

Carlos Loret de Mola

El Presidente lo confesó: tiene las manos metidas en la elección. La mañanera es un acto de campaña, la Fiscalía es brazo político de Morena y el Presidente es líder de partido

El Presidente tiene prisa. Está desesperado. Las encuestas marcan que su popularidad cae y la elección que viene no será el paseo por las nubes que esperaba. Por eso ya no cuida las formas. No espera a que el Poder Judicial determine si el gobernador de Tamaulipas es culpable de todo lo que se le acusa. No espera a que se resuelva el debate jurídico sobre si tiene o no fuero. Le urge, aunque lo pesquen en flagrancia. 

AMLO no tiene tiempo, y está dispuesto a usar al límite —e incluso más allá— el poder del Estado para lograr sus objetivos políticos

El director de orquesta mueve la batuta y todos los músicos tocan la partitura: en cuestión de horas, la Fiscalía pidió una orden de aprehensión contra Cabeza de Vaca, un juez la otorgó, la UIF le congeló las cuentas, Migración emitió una alerta de viaje, el líder morenista en la Cámara de Diputados acusó de desacato al Congreso de Tamaulipas, el del Senado coqueteó con la desaparición de poderes, y cuando toda la orquesta tocaba a gusto, el director volteó con la prensa, puso cara de demócrata y dijo: “yo no fui”. 

Hoy López Obrador representa todo aquello que prometió erradicar. 

Esta no es la lucha anticorrupción que prometió, este es López Obrador al timón de la estrategia electoral de su partido. Por eso no se detiene ante sutilezas jurídicas y echa mano de todos los instrumentos de poder a su alcance.

El Presidente lo confesó: tiene las manos metidas en la elección. La mañanera es un acto de campaña, la Fiscalía es un brazo político de Morena y el presidente es el líder del partido. Critica a sus adversarios, impulsa a sus candidatos, defiende a sus correligionarios, ataca a la autoridad electoral. Denuncia intenciones golpistas de Estados Unidos a través de ONG mexicanas que denuncian actos de corrupción, y los acusa de ser un partido de oposición. Exhibe documentos confidenciales en manos de su gobierno para amedrentar a periodistas e investigadores que publican lo que no le gusta. Ignora los posibles delitos que cometen los morenistas pero pone todo su empeño en perseguir los posibles delitos que involucran a opositores. Configura escenarios de posible anulación de elecciones. Y se muestra dispuesto a incendiar la casa antes de aceptar una derrota.

Lo hizo siempre como opositor. Pero al hacerlo como presidente de México juega con fuego. Y la máscara de demócrata se le cae a pedazos.

SACIAMORBOS

Cuentan que la FGR traería un par de expedientes de factureros que impactarían en campañas de Movimiento Ciudadano. Por un lado, una candidata a síndica de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Bárbara Altúzar. ¿El cargo? Que entre 2017 y 2019 habría recibido 7 millones de pesos de diversas empresas relacionadas con los hermanos Álvarez Puga, considerados de los factureros más famosos de México. El otro caso se da en Puebla, donde la Fiscalía estaría detrás del financiamiento de factureros supuestamente relacionados con Carlos Winkler a la campaña del candidato a la capital, Edgar Yamil Yitani. A todo el fuego.

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