Ayer vi de nuevo el reportaje de la casa del hijo del presidente López Obrador. En medio de tantos dimes y diretes, valía la pena regresar al origen: a más de tres semanas de que lo presentamos, no hay una sola frase que haya sido desmentida.

Por eso el presidente López Obrador ha perdido la serenidad y ha dado inusuales pasos autoritarios para vengarse de los periodistas que revelamos el escandaloso estilo de vida lujoso de José Ramón López Beltrán.

A pesar de los dichos presidenciales y su aturdidora propaganda, el reportaje se sostiene íntegro. Íntegro. La casona es la que habitó el hijo del presidente. Es de las medidas y las características que se especificaron. Tiene la alberca, el cine y los lujos descritos. El hijo y la nuera del presidente habitaron la casa entre 2019 y 2020, cuando el dueño era un alto ejecutivo de la empresa petrolera Baker Hughes, que tiene contratos multimillonarios en dólares con el gobierno. El reportaje podría presentarse hoy sin moverle una coma.

Como no puede explicar la súbita riqueza y vida de lujos de su hijo, el presidente ha intentado varias rutas para que ya no se hable de eso: “pausar” relaciones diplomáticas con España, acusar a Panamá de inquisidor, insultar a Austria por el penacho, y más recientemente, exigir que yo dé a conocer mis ingresos.

No voy a caer en su trampa. Lo que quiere es evadir la rendición de cuentas por la casa de Houston. Lo que quiere es cambiar el tema de la conversación, tratar de que el tema sea el financiamiento de medios de comunicación y periodistas —ya no soy sólo yo, el presidente ya amplió su lista—, cuando lo que está bajo sospecha es el financiamiento de su hijo, y por extensión, el financiamiento oscuro —dinero en efectivo recibido clandestinamente, años sin declarar impuestos— que ha acompañado la vida personal y política de Andrés Manuel López Obrador.

Hoy se cumplen tres semanas del primer ataque del presidente, de la primera retahíla de insultos contra mi persona a consecuencia del reportaje. Cada día, el presidente ha ido escalando su violencia verbal. Pero la fotografía es diáfana: un presidente que manda investigar a los periodistas que revelaron los escondidos lujos de su hijo José Ramón. Esto es una reacción propia de un gobernante autoritario, no de un demócrata. Y así se ha denunciado incluso por la prensa internacional.

El presidente se está vengando. Está tratando de intimidar y reprimir a quienes hemos revelado sus escándalos —Pío, Martinazo, Bartlett, Felipa, Esquer, Irma Eréndira, Epigmenio, José Ramón—. Y está también mandando un mensaje a los demás periodistas y medios: si me criticas, te perseguirá todo el peso del Estado; si te quedas callado, no nos meteremos contigo; elógiame y te llenaremos de contratos.

historiasreportero@gmail.com