Lozoya: la peor derrota del discurso presidencial

Es el gobierno dando marcha atrás, es el gobierno aceptando que no hay pruebas de lo que dijo Lozoya. Y lo que dijo ha sido columna vertebral del discurso de AMLO

Carlos Loret de Mola
Nación 04/11/2021 03:28 Actualizada 07:19
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Cuando hace unas semanas, una fuente me dijo que la FGR se disponía a quitarle la condición de “testigo protegido” a Emilio Lozoya para meterlo a la cárcel, no lo creí. Le dije que eso sería una derrota brutal del presidente López Obrador: su combate a la corrupción sólo tiene ese caso y su contra-reforma energética está basada en los dichos de Lozoya.

Pues eso que no creí, sucedió ayer. La peor derrota del discurso presidencial en lo que va del sexenio: La FGR pidió al juez que retirara a Lozoya el privilegio del “criterio de oportunidad” (testigo protegido) que le permitía no estar en la cárcel, y que lo enviara a prisión ante el peligro de fuga. La FGR fue secundada por la UIF y por Pemex.

Es el gobierno dando marcha atrás, es el gobierno aceptando que no hay pruebas de lo que dijo Lozoya. Y lo que dijo ha sido columna vertebral del discurso del presidente López Obrador. Se le acabó el show. Se esfumó su cortina de humo favorita:

1.- Emilio Lozoya Austin fue extraditado de España a México en el momento de más baja popularidad del Presidente. Tras sus desastrosos manejos de las protestas de las mujeres y del inicio de la pandemia, la popularidad de López Obrador venía en grave picada. Los peores registros del sexenio. En ese momento, activó el tema Lozoya para recordarle al pueblo lo malo y corrupto que era el gobierno anterior, y así tapar lo malo y corrupto que es el gobierno actual. La estrategia funcionó: repuntó la popularidad del Presidente.

2.- Emilio Lozoya Austin fue dejado en libertad a cambio de declarar lo que el Presidente quería que dijera. La redacción de la confesión del ex director general de Pemex —acusaciones, montos, nombres— fueron negociadas entre Lozoya padre y el fiscal Gertz Manero. No importaba si era verdad o mentira. Tampoco si había pruebas o no. Lo que quería el presidente López Obrador —director de esta patética orquesta— era tener parque para disparar contra sus adversarios. Los tejemanejes en la declaración de Lozoya fueron de tal magnitud que motivaron un rompimiento con el que era su abogado, Javier Coello Trejo, quien no estuvo de acuerdo.

3.- Se dejó correr la idea de que Lozoya tenía 18 horas de videos. Que aparecían los más encumbrados políticos del “PRIAN” recibiendo dinero en efectivo. No hubo tales. El único video del caso muestra a un par de operadores políticos panistas de medio pelo recibiendo maletas de cash. ¿Cuándo se difundió ese video? Justo cuando el presidente AMLO supo que saldría a la luz el video de su hermano Pío López Obrador recibiendo dinero en efectivo clandestinamente.

4.- El caso Lozoya ha servido para desviar la atención del debate de fondo sobre la contra-reforma energética del Presidente. Quiere quedarse con todo, acaparar todo, a costa de que suban las tarifas, hayan más apagones y se contamine más. Quiere dinero para hacer política y lo quiere sacar de la CFE, con Bartlett a la cabeza. Para esconder eso, ha usado las declaraciones de Lozoya para argumentar que la reforma energética se negoció corruptamente, por lo que había que desmantelarla. Esa acusación se cayó ayer. Y al Presidente se le desmoronó el discurso.