Ese país bananero

Carlos Loret de Mola

El Departamento de Estado de Estados Unidos, la CIA y el Pentágono tendrían que estar horrorizados, planteándose una intervención para salvar del colapso a un país del continente que empieza a tener viso s de “estado fallido”. La Casa Blanca y en general el gobierno de Estados Unidos siempre se han tomado muy a pecho eso de andar rescatando democracias, tumbando tiranos e interviniendo en países, incluso militarmente, para salvar del colapso a millones de ciudadanos y velar por la estabilidad ge

El Departamento de Estado de Estados Unidos, la CIA y el Pentágono tendrían que estar horrorizados, planteándose una intervención para salvar del colapso a un país del continente que empieza a tener viso s de “estado fallido”. La Casa Blanca y en general el gobierno de Estados Unidos siempre se han tomado muy a pecho eso de andar rescatando democracias, tumbando tiranos e interviniendo en países, incluso militarmente, para salvar del colapso a millones de ciudadanos y velar por la estabilidad geopolítica. Se me ocurren quince ejemplos de botepronto.

Sólo que esta vez tienen un pequeño problema. El país que está dando tumbos, cuya democracia se ve amenazada, y que tiene a su ciudadanía al borde del colapso con el consabido riesgo a la estabilidad geopolítica… es el propio Estados Unidos.

Nuestro vecino del norte ha dado a últimas fechas reiteradas muestras de estar caminando hacia el estatus de “estado fallido”, de país bananero, como se les conoce con desprecio:

1.- Esta semana, el presidente Donald Trump, que busca su reelección, puso otra vez en duda la aceptación de los resultados de los comicios, en caso de que no le sean favorables. Previamente, su rival opositor, Joe Biden, se mostró seguro de que en caso de que Trump no acepte una eventual derrota electoral, el Ejército iría por él y lo sacaría por la fuerza de la Oficina Oval de la Casa Blanca.

2.- Por todo el país se han detonado protestas contra el racismo, con episodios de violencia de los manifestantes y de los policías, en buena medida debido a que el presidente Trump ha echado más gasolina al fuego: fustiga a los manifestantes como enemigos de la patria, justifica las actitudes discriminatorias y represoras de los cuerpos policiacos, y ha reforzado el despliegue militar para enfrentar a los contingentes de quienes ejercen su derecho a la protesta. Como en las más destacadas dictaduras tercermundistas, agentes vestidos de civil detienen manifestantes y los suben a camionetas oscuras sin identificación ni placas. Analistas advierten que el presidente está empujando al país hacia una guerra civil.

3.- Como si se tratara de una nación sin recursos abandonada a su suerte, Estados Unidos es el peor país del mundo en el manejo de la pandemia. No había terminado la primera ola de contagios cuando está desatada la segunda. Hospitales saturados donde hubiera sido impensable, de nuevo cifras de mil personas muertas al día por la pandemia, y una vuelta al encierro donde empezaba a reabrir la economía.

4.- La compleja situación sanitaria ha puesto en entredicho la posibilidad de realizar las elecciones y contar con resultados certeros la noche de la jornada electoral. Existe una disputa sobre las maneras de votar. Biden y los suyos empujan que, para evitar aglomeraciones en las casillas, se promueva el voto adelantado por correo. Trump y simpatizantes dicen que esto abre la puerta al fraude electoral, animando aún más la expectativa de desconocimiento de los resultados.

5.- Ambos contendientes coinciden en algo: existe interferencia extranjera en las elecciones.

Con estos cinco factores a cuestas, si fuera cualquier otro país, Estados Unidos estaría evaluando una intervención política, amagando con que “todas las opciones están sobre la mesa” para coquetear con una presencia militar. El problema es que ese país bananero es Estados Unidos.

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