¿Qué sentirán los que fueron timados por Nicolás Maduro? ¿Qué sentirán los que lo apoyaron, los que lo querían, sus cómplices, sus socios y aliados nacionales e internacionales? ¿Qué sentirán cuando Trump dice que Delcy Rodríguez “es una persona fantástica, alguien con quien hemos trabajado muy bien”?

Era su Delcy, la más leal, la más dura, la vicepresidenta con A. ¿Qué sentirán cuando su Delcy, convertida en presidenta por decisión de Donald Trump, declara que encabeza “una Venezuela que se abre a un nuevo momento político que permite el entendimiento desde la divergencia y la diversidad ideológica”? ¿Qué sentirán cuando Delcy habla largamente por teléfono con Trump y no le reclama la captura de Nicolás Maduro ni exige su liberación? ¿Qué sentirán cuando se enteran de que Marco Rubio —ese Marco Rubio a quien la dictadura satanizó sin cesar— habla con Delcy frecuentemente y le instruye qué hacer? ¿Qué sentirán cuando Delcy se presenta al Congreso a impulsar una ley que abra el petróleo a la inversión privada extranjera y le manda 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos? ¿Qué sentirán cuando por órdenes de Estados Unidos han ido liberando a los presos políticos? ¿Qué sienten al ver que aterriza en su país el director de la CIA a repartir el queso?

¿Qué pensarán cuando ven a Diosdado Cabello, contra quien Estados Unidos tenía una orden de aprehensión, despachando a sus anchas en la élite del poder sin que nadie lo toque? ¿Qué sentirán cuando atestiguan que el gobierno venezolano opera bajo el mando de Delcy Rodríguez en la Presidencia, su hermano Jorge como líder del Congreso y el eterno Diosdado Cabello, que tiene de su lado a los militares y los cuerpos de seguridad? ¿Qué sentirán cuando se enteran de que su Ejército, que les dijeron hasta el cansancio que era poderoso e invencible, no le duró media hora a Estados Unidos? ¿Qué sentirán cuando se informan de que el comando de soldados del Ejército cubano, también supuestamente poderoso e invencible, fueron derrotados 32-0 en la batalla contra los americanos?

¿Qué sentirán cuando mañana, tarde y noche les aparece en sus redes sociales la pegajosa canción de: “¿Dónde está China, dónde está Rusia, por qué no actuaron, cuál es la excusa? Maduro está en una cárcel federal, y ahora me pregunto ¿los comunistas dónde están?”, bailada por un universo de venezolanos que celebran desde distintas partes del mundo la caída del dictador?

Saciamorbos

Escuché por años el argumento de que la única manera de llevar la democracia a Venezuela era que el régimen se quebrara por dentro: que los militares y las élites del poder traicionaran al presidente (Chávez primero, Maduro después). Me pregunto si no estamos exactamente viendo eso.

historiasreportero@gmail.com

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