“Pónganos a prueba”, fue el mensaje que llevó a Washington el gabinete de Seguridad de México en su última ronda de reuniones. La instrucción de la presidenta Sheinbaum ha sido evitar a toda costa una acción militar unilateral de Estados Unidos en suelo mexicano. Pero el apetito de Donald Trump sólo parecía crecer, así que llegaron a sus reuniones bilaterales con este discurso:

No hagan una operación unilateral. Nos van a meter en muchos problemas internos, nos van a complicar la cooperación y eso terminará siendo malo para los dos países. Si tienen un objetivo identificado contra el que quieran actuar, pásenos la información de inteligencia y permítanos hacer nosotros el operativo. Pónganos a prueba. Y si no lo hacemos bien, entenderíamos que quisieran irse por la libre.

El mensaje uniformemente enviado desde el gobierno de México fue recibido en Estados Unidos por el FBI, la CIA, el Departamento de Estado, el Ejército y la Marina.

Y a juzgar por lo que sucedió este fin de semana en Jalisco, les tomaron la palabra.

Información de inteligencia proporcionada por el gobierno de Donald Trump —así lo reconoció la Secretaría de la Defensa Nacional de México en un comunicado— fue clave para el operativo de captura que resultó en el abatimiento del capo más poderoso desde hace más de una década en México: Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

El gobierno de México fue puesto a prueba y pasó con creces. El Ejército mexicano lideró la delicada operación. La presidenta Sheinbaum puede presumir un extraordinario logro en materia de seguridad. También tendrá un mayor margen de maniobra en las negociaciones con Trump por la confianza que genera en nuestro vecino el éxito de una operación con inteligencia binacional.

La caída de El Mencho fue revirada con una ola de violencia brutal por parte de su organización criminal. Era absolutamente previsible. Desde el sexenio de Peña Nieto, fuentes de inteligencia me revelaron que un operativo para capturar a Nemesio Oseguera podría derivar en una batalla sangrienta entre autoridades y narcos con un cálculo estimado en decenas de muertos, y además una afectación ciudadana en varios estados por acciones de sabotaje. No querían un desenlace así. Lo publiqué en estas Historias de Reportero.

En un operativo para detenerlo en mayo de 2015, El Mencho derribó un helicóptero militar usando lanzacohetes RPG. Murieron seis soldados y El Mencho escapó. A partir de ese día, para el Ejército lo de Nemesio Oseguera se volvió personal. El entonces secretario de la Defensa pidió al presidente Peña Nieto y a sus compañeros de gabinete, encargarse de ese objetivo tan relevante. Fueron varios los intentos infructuosos. Hubo un momento en que estaban esperanzados en que, a consecuencia de un grave mal renal, El Mencho muriera en su escondite.

Luego entró López Obrador y dejaron de perseguir a El Mencho. El 30 de enero de 2019, con apenas dos meses en la Presidencia, AMLO definió su estrategia: “no se han detenido a capos porque no es esa nuestra función principal… ya no es la estrategia de los operativos”. El “abrazos no balazos” permitió que el CJNG se volviera el cártel más poderoso de México y El Mencho el capo más temido.

La presidenta Sheinbaum cambió por completo la política de seguridad. Abandonó los abrazos y regresó a los balazos. Si alguien se resistía a aceptarlo, este domingo quedó claro. Ella nunca lo va a decir porque implica exhibir a López Obrador, pero la realidad es esa. Ahora, va a tener más fichas para negociar con Trump. Y ahora puede iniciar el nada sencillo proceso de ir desmantelando las redes de extorsión y muerte de esta organización criminal que alcanzaban casi todas las actividades económicas atemorizando a miles y miles de ciudadanos en muchos lugares del país. Nada de eso podía pasar con El Mencho operando a sus anchas.

historiasreportero@gmail.com

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