La educación en México vive un periodo de oscurantismo medieval en su pensamiento, propaganda dictatorial en sus programas y torpe sequía en su presupuesto. Que no se lea a la ligera: una generación de estudiantes está en altísimo riesgo a consecuencia de las estrategias improvisadas y las acciones desvinculadas que han lastimado la preparación de los estudiantes.

Lo de menos es el escándalo de quién encabeza la SEP, que empezó siendo el pago de cuota empresarial, se volvió trampolín político de una delincuente electoral y ahora es el premio a la lealtad mediocre de quien tiene como único mérito acumular 20 años de cercanía con López Obrador. Así de fácil se gana despachar en el escritorio de Vasconcelos.

Lo grave es lo incómodo que se siente el Presidente con la libertad de cátedra y el pensamiento crítico. Ha detonado conflictos con las universidades públicas y privadas. Desde Palacio Nacional se impulsan libros de texto ideologizados —diseñados como panfleto anticapitalista—, en vez de contenidos de calidad; se prometen programas cargados de valores extraídos de las retóricas dictatoriales de Cuba, Venezuela y Nicaragua; se coquetea con el esoterismo mientras se arrincona la tecnología; y se ordenan evaluaciones “flexibles” para que todos los estudiantes y profesores aprueben.

El desprecio de este gobierno por construir un proyecto educativo no se ha quedado solo en la falta de capacidad para poner en marcha políticas efectivas. A la fecha, la SEP es culpable de un subejercicio de 25 mil millones de pesos que representan casi el 13% del presupuesto total de la dependencia para el periodo enero-julio. Como si la educación no requiriera recursos urgentemente tras el rezago que implicó la pandemia. Nadie sabe qué pasó con ese dinero, ni qué pasará.

Desaparecieron las escuelas de tiempo completo que beneficiaban a los más pobres. El programa de educación indígena también se fue. Aniquilaron el presupuesto para estudiantes con discapacidad. Acabaron con los programas de atención a la población escolar migrante, de convivencia escolar, de desarrollo de aprendizajes significativos de Educación Básica, de formación y certificación para el trabajo, de excelencia educativa, de carreras docentes. También se fueron el programa de expansión de la oferta educativa en Educación Media Superior y Superior, el de evaluaciones confiables de calidad educativa, el de reconstrucción y el de formación de recursos humanos basados en competencias. Hay recorte y subejercicio de 95% en el programa de desarrollo profesional docente, y el recorte a las escuelas normales las ha dejado casi inoperantes.

Ah, pero la refinería ya costó el doble y no refina, el Tren Maya ya costó 50% más y nadie entiende para qué sirve, y el aeropuertito Felipe Ángeles también salió más caro y nadie lo quiere usar. Esas son las prioridades del Presidente. La educación no está entre ellas.

¿Qué es el sistema educativo obradorista? Una herramienta para el adoctrinamiento político de las juventudes. ¿Qué es la política educativa obradorista? Un modelo de transferencias de dinero a padres y alumnos para volverlos electoralmente útiles.

historiasreportero@gmail.com