La Presidenta lleva casi 50 días diciendo que no es el presidente Donald Trump el que está detrás de la acusación de que son narcos los 10 morenistas de Sinaloa. Siempre habla de una oficina del Departamento de Justicia en Nueva York, como si fuera algún funcionario destemplado de medio pelo con afán de protagonismo.
La Presidenta miente.
En estos casi 50 días se han ido acumulando pruebas de que no es una oficina extraviada en Nueva York:
Primera. 29 de abril. El documento oficial de la acusación contra Rocha Moya y secuaces lo difundió el Departamento de Justicia, no una oficinita.
Segunda. 6 de mayo. El fiscal general de Estados Unidos, Todde Blanche, declaró que vienen más acusaciones contra políticos mexicanos.
Tercera. 11 de junio. El fiscal de Nueva York que estructuró el expediente contra los narcopolíticos de Morena fue ascendido por el presidente Trump.
Lo nominó para ser el nuevo Director de Inteligencia Nacional. Encabezará 18 agencias de inteligencia del gobierno estadounidense, entre ellas la DEA, la CIA, la inteligencia del FBI y la Agencia Nacional de Seguridad.
Cuarta. 13 de junio. El presidente Trump anunció personalmente en su red social Truth Social que el nuevo fiscal de Nueva York, que se encargará ahora del caso de los narcopolíticos de Morena en Sinaloa, es James McDonald, a quien cariñosamente llamó “Jamie”. Lo llenó de elogios. Dijo que “cuenta con el respeto de nuestros patriotas de las fuerzas del orden, la comunidad jurídica y el Poder Judicial”.
Quinta. 13 de junio. La zarina antidrogas del gobierno de Trump, Sara Carter, declaró en una entrevista que Estados Unidos va contra los políticos mexicanos que se vendieron al narco. Dio a entender que los de Sinaloa son sólo los primeros y que pedirán a más. En esa entrevista Carter lanzó una amenaza poco velada al gobierno de México: podría arrepentirse si no coopera con Estados Unidos.
¿Oficinita de Nueva York? No. Es el gobierno de Estados Unidos en pleno, con la directriz del presidente Trump. Todos saben perfectamente lo que están haciendo con los políticos el Cártel de Sinaloa.
Una “oficinita” de Nueva York condenó a García Luna a 34 años de cárcel. Es la que tiene al Chapo, a Caro Quintero, al Mayo. Es la que procesa a Nicolás Maduro.
Pero la presidenta Sheinbaum puede seguir intentando engañar a la gente.
Y encubriendo a los narcopolíticos de Morena.
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