La presidenta Sheinbaum se cansó de Arturo Ávila. El vocero de los diputados de Morena se hizo novio hace unos meses de Luisa María Alcalde, dirigente nacional de Morena. Y desde entonces, sus desplantes públicos y privados habían opacado la figura de una de las mujeres más queridas y destacadas del obradorato. Así me lo revelan dos fuentes de primerísimo nivel consultadas para esta columna.
Arturo Ávila se venía moviendo como si él fuera el dirigente nacional de Morena, y no su pareja. Encabezando reuniones con políticos morenistas para decirles que ya los están midiendo en encuestas, que van bien, como instalado en el reparto de candidaturas. Solicitando citas con gobernadores y secretarios del gabinete para hablar de contratos. Soltando comentarios de que él tiene la mejor relación con el Ejército, que conoce a todos en la Defensa Nacional. Declarando en entrevistas y mesas de debate, en las que sus palabras suenan a las del líder del partido, y no simplemente del novio de la dirigente.
Eso hartó a la presidenta de México. O terminó de hartarla, porque el historial de traiciones de Ávila lo tenía en la “lista negra” de la presidenta. Sheinbaum le atribuye el haber sido el operador de la guerra sucia que se lanzó contra ella durante la contienda interna de las “corcholatas” de Morena en 2024. En ese entonces, Ávila era instrumento de Adán Augusto López. Luego quiso acercarse a Ricardo Monreal. Finalmente se integró a una de las familias de la realeza de la izquierda mexicana, los Alcalde Luján. Se volvió novio de Luisa María Alcalde, de las notables de Morena: todos la conocen desde niña, la quieren mucho, tiene buena relación con todos los grupos y líderes, es considerada presidenciable, es una de las figuras más aquilatadas en el régimen porque hizo su trabajo desde tierra y ha llegado a ocupar cargos de primerísima importancia: legisladora, secretaria del Trabajo, secretaria de Gobernación y dirigente del partido.
Que la presidenta Sheinbaum la haya invitado a dejar la dirigencia nacional de Morena tiene mucho que ver con él. También es cierto que ella no se ayudó porque no supo detectar las señales de la arrogancia de su novio, de su aspiración a la omnipresencia y su clara invasión de tareas. No supo marcar distancia. Apenas hace unos días fueron fotografiados haciéndole promoción a la empresa cervecera de él.
Saciamorbos
Reventó ayer, pero desde el domingo el gobierno federal de México y la embajada de Estados Unidos estaban sentidos, dolidos el uno con el otro. La presidenta y el embajador. Ella, reclamando que habrían metido por la puerta de atrás a agentes de inteligencia a hacer operativos, en coordinación con un gobierno de oposición. Él, decepcionado porque México no mostró ninguna especial condolencia o solidaridad más allá de la mera declaración de trámite por los dos agentes caídos mientras ayudaban en la lucha contra el narco. La expectativa era un homenaje, o algo así. Y luego entró Trump…
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