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3 horas con 12 minutos

Carlos Loret de Mola

Andrés Manuel López Obrador entiende el ejercicio del poder como una ráfaga incesante de palabras

Si el presidente hablara menos y gobernara más, este sería otro país. Pero no. Andrés Manuel López Obrador entiende el ejercicio del poder como una ráfaga incesante de palabras.

Ayer, la conferencia mañanera rompió récord: 3 horas con 12 minutos.

Incluyó dos ceremonias (una cínica condecoración a Seade y un anuncio de créditos del Infonavit), cinco referencias históricas (Estrada, Juárez, la revolución contra Porfirio Díaz, el maximato de Calles, la restructuración de la deuda de Salinas), el lamento perenne de que le robaron la elección presidencial de 2006 (esta vez, la perorata alcanzó para difundir una llamada telefónica entre el exsecretario de Comunicaciones de hace 15 años, el panista Pedro Cerisola, y el entonces gobernador de Tamaulipas, el priista Eugenio Hernández, preso por supuestos vínculos con el narco) y hubo tiempo hasta para hablar de cómo le robaron también la elección de 2012.

Ya más tirando a la actualidad, se quejó de campañas negras en su contra, de múltiples conspiraciones, insultó a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, insultó a Frenaa, insultó a Sí Por México, y ya encarrilado, a Claudio X. González, Gustavo De Hoyos, Juan Francisco Ealy Ortiz, Alejandro Junco, Enrique y León Krauze, Aguilar Camín, un servidor. Le tocó hasta a su incondicional John Ackerman porque lo confundió con Leo Zuckermann. Defendió a Trump, defendió a Bartlett, se disculpó con Ancira, autorizó que Salinas regrese al país, defendió a Bartlett y se quejó de los apoyos a las feministas. Apuntó los festejos del 20 de noviembre por la Revolución, del 1 de diciembre por sus dos años en el poder y del 12 de diciembre por la Guadalupana.

Con un menú así, no tuvo que rendir cuentas por la pandemia desatada, la inseguridad sin control, la crisis económica más profunda que en países similares y los escándalos de corrupción que tocan su propio gobierno.

 

SACIAMORBOS

De los 192 minutos, me quedo con tres frases:

1.- “Al que insulta, al que manifiesta o expresa cosas sin fundamentos, al que no se autolimita, al que no argumenta, sino se lanza sin pruebas, ¿saben qué hace? el ridículo”. Aclaración pertinente: no hablaba de él mismo.

2.- “Es también espectáculo desagradable y hasta canallesco, porque es una acusación de unos contra otros, se está cumpliendo aquello de que cuando se reparte mal el botín hay motín, acusaciones entre la misma banda, pero bueno, ni modo, así es esto”. Aclaración pertinente: no hablaba de Bartlett vs. Adán Augusto, Porfirio vs. Delgado, Porfirio vs. Marcelo, Urzúa y Toledo vs. Romo, Jaime Cárdenas vs. su antecesor en el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, Germán vs. Gatell, Sheinbaum vs. Gatell, Marcelo vs. Gatell, la subsecretaria vs. el del Insabi, etc. Se refería a las denuncias de Javier Duarte contra Peña Nieto.

3.- “Una senadora del bloque conservador está denunciando a Jesús (Ramírez Cuevas, por desviar dinero en una empresa fantasma) y ya está pidiendo nueve años de cárcel; o sea, ya no es sólo la denuncia, sino es nueve años de cárcel”. Aclaración pertinente: su hermano Pío López Obrador pidió 12 años de cárcel para mí, por difundir los videos en los que recibe paquetes de dinero.

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