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120 horas de silencio

Carlos Loret de Mola

Y en el video que distribuyó el viernes pasado regresó a lo que mejor sabe hacer, incluso enfermo: vender ilusiones

El presidente López Obrador es un hombre profundamente mediático. No se conforma con dos horas de conferencia mañanera de lunes a viernes. Hace giras en las que convoca a asambleas, reuniones y mítines en las que habla frente a las cámaras. Encima, los fines de semana graba videos para subir a sus redes sociales.

Por eso llamó la atención y despertó lo mismo preocupación que especulaciones que un hombre tan apegado al reflector haya desaparecido de la escena pública cinco días completos. 120 horas de silencio de un hombre que ha acostumbrado al país a saturarlo de mensajes. El 24 de enero a las 6:30 pm anunció en dos tuits que tenía coronavirus. No se le volvió a escuchar hasta el 29 de enero a la misma hora.

120 horas de silencio sin siquiera un —imaginable en él— video en pants, recostado en un sofá de sus habitaciones privadas de Palacio Nacional, platicando a los mexicanos cómo está trabajando desde casa, y cómo en su gira a no sé dónde le recomendaron —lo muestra a la cámara— tomarse un té de gordolobo, porque es muy bueno para subir las defensas, o algo por el estilo.

Nada. Un silencio que, encima, no fue llenado por ningún reporte profesional de salud emitido por el gobierno.

Esa catastrófica estrategia de comunicación desató indeseables y condenables especulaciones. El presidente salió a cortarlas tarde. Muy tarde. Cinco días después. Y en el video que distribuyó el viernes pasado regresó a lo que mejor sabe hacer, incluso enfermo: vender ilusiones.

La nueva ilusión es la vacuna. Es la más reciente oferta de esperanza de un gobierno que ha sido internacionalmente reprobado en el manejo de la pandemia.

El gobierno sigue hablando de millones y millones de dosis que ya están apalabradas, que ya están compradas, que ya vienen… pero que no llegan. Relata acuerdos, telefonemas, contratos, consorcios… pero en la última semana, en México se aplicaron un promedio de 3,800 vacunas diarias y ya están por terminarse. A este ritmo, terminaríamos de vacunar en el 2093. Evidentemente eso no sucederá, pues es lógico que conforme avancen los meses lleguen más vacunas, pero el ritmo es desesperantemente lento.

Ante este segundo fracaso, el del arranque de la vacunación, el público mexicano ha pasado de la esperanza a la frustración. El país había recibido con aliento los anuncios gubernamentales sobre la llegada de millones de dosis. Las encuestas mostraron que la mayoría de los mexicanos tenía la expectativa de ser vacunado razonablemente pronto. Le creyeron al gobierno. Pero en un par de semanas, tras no cumplir en traer las vacunas prometidas, las mismas encuestas muestran que la mayoría de los mexicanos ahora piensan que no se van a vacunar pronto.

En su video de reaparición, el presidente buscó revertir ese desánimo. Salió a vender esperanza, que es lo que mejor sabe hacer y que le ha llevado tan lejos en la política.

SACIAMORBOS


En esta ruta de la venta de falsa esperanza, este martes en la mañanera se anunciaron 170 millones de dosis que ya vienen y se abrió la página web para registrar a los adultos mayores. La página se cayó a los 15 minutos y la presentación de las 170 millones de dosis incluía que llegaban 2 millones de Cansino en enero. Ya no sucedió. No llegaron y ya terminó enero… pero siguió apareciendo en la presentación de Gatell. De ese tamaño.
 

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