¿Qué aprendimos en 26 años del TLCAN?

Carlos Heredia Zubieta

Los festejos en torno al Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) no se apagan a pesar de los múltiples equívocos en torno a su contenido y a las nuevas obligaciones que contrajimos.

El 12 de diciembre el Senado mexicano apresuró a todo vapor la ratificación del Protocolo Modificatorio, evidenciando que muchos senadore(a)s no conocían lo que estaban aprobando.

El día de ayer jueves 19 de diciembre el pleno de la Cámara de Representantes de Estados Unidos ratificó el T-MEC por 385 a favor y 41 votos en contra, lo que representa un amplio consenso de demócratas y republicanos. Para la entrada en vigor del pacto comercial está pendiente la ratificación de parte del Senado estadounidense y del Parlamento canadiense, que previsiblemente ocurrirán en el primer trimestre de 2020.

El 1 de enero se cumplen 26 años de la entrada en vigor del TLCAN, el NAFTA 1.0. Comparto con el lector algunas lecciones y desafíos desde mi perspectiva.

1. El TLCAN significó un punto de partida, no un punto de llegada. ‘Ya entramos al primer mundo y podemos poner la economía en piloto automático’, dijimos entonces. Hoy sabemos que no fue así, ni será así. El reto en materia económica, laboral y de sustentabilidad ambiental es fundamentalmente interno.

2. El mundo cambió radicalmente. En 1994 China no pintaba; hoy Washington y Beijing configuran lo que en los hechos es un G-2.

3. En un cuarto de siglo el término ‘libre comercio’ se volvió tóxico y hoy ni siquiera figura en el nombre del acuerdo trinacional. El capitalista Donald Trump es proteccionista y favorece el comercio administrado, mientras que China es el mayor exportador global y el discurso del líder comunista Xi Jin Ping favorece el libre comercio.

4. El destino del T-MEC se decide dentro de Estados Unidos. Demócratas y republicanos, empresarios y legisladores, el Capitolio y la Casa Blanca dirimen sus diferencias hasta llegar a un acuerdo. México y Canadá toman sus decisiones con un ojo fijo en lo que decida EU, su principal socio comercial.

5. Compartimentalización de los temas. Durante un cuarto de siglo México se esmeró por tratar separadamente los asuntos de comercio, flujos de capitales e inversión, respecto de temas sobre democracia, migración, drogas, violencia y seguridad, así como derechos laborales, para que los primeros no se ‘contaminaran’. Hoy están vinculados expresamente, y su violación detona el mecanismo que puede dar lugar a sanciones comerciales.

6. Estados Unidos no nos creyó. Año con año prometimos la libertad de afiliación sindical, el desarrollo de la fuerza de trabajo, el acceso expedito a la justicia laboral. Aseguramos que cumplíamos con nuestras propias leyes, hasta que sindicatos y gobierno de EU dijeron: yo verifico y yo digo si cumpliste o no.

7. Los insultos y amenazas de Trump contra los mexicanos continuarán, al menos hasta el 3 de noviembre de 2020 en que buscará su reelección. Ser socio del T-MEC no llevará a que nos vea como iguales. Eso está reservado para los blancos.

8. Se acabó la maquila y la puerta falsa de los bajos salarios como vía para ser competitivos globalmente. Japón, Alemania y Estados Unidos son grandes exportadores con una fuerza productiva preparada, capacitada y sana, que también se beneficia de la expansión comercial y de la prosperidad.

9. Muchos empresarios e inversionistas ven al T-MEC como una garantía de que al menos en un segmento de la economía mexicana habrá estado de derecho, reglas claras que den certidumbre, y protección recíproca de inversiones.

10. La principal negociación está por venir y será entre nosotros. Ya le cumplimos a Trump. ¿Podemos ahora construir una economía incluyente, competitiva y sustentable para cumplirle a todos los mexicanos, sin dejar a nadie afuera ni atrás?

Profesor asociado en el CIDE
@ Carlos_Tampico

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