México, EU y Canadá: respuestas conjuntas a desafíos compartidos

Carlos Heredia Zubieta

Estas vacaciones de Año Nuevo, pruebas Covid-19 satisfactorias de por medio, pasé unos días en Mazatlán con mi familia. En ese puerto del Pacífico me siento en casa, por el talante hospitalario de los mazatlecos y porque la naturaleza es tan similar a la de Tampico, mi casa original, por encontrarse en la misma latitud norte.

Mazatlán alberga una pequeña comunidad de jubilados estadounidenses y canadienses. Ha hecho allí su refugio estacional, como las aves migratorias que huyen del frío septentrional. Además de Sinaloa, los encontramos en la península de Baja California, y Sonora, Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Quintana Roo, entre otros estados.

Los expatriados estacionales asemejan a la mariposa monarca, que deja su hábitat en los Grandes Lagos en EU y Canadá para llegar en noviembre a sus refugios en los bosques de coníferas de Michoacán y el Estado de México, y regresan al final de marzo.

Adicionalmente a la vecindad geográfica, el buen clima, la riqueza artística y cultural, y un bajo costo de la vida, los expatriados buscan un sistema de cuidado de la salud confiable. EU es el único país industrializado que carece de cobertura universal en salud, y en México la calidad de la atención con frecuencia deja qué desear. No se ha logrado la portabilidad de los servicios de salud estadounidenses, por lo que en su mayoría los emigrados dependen de seguros médicos privados.

San Miguel de Allende fue designada como la mejor ciudad para vivir en 2017 y 2018 por los lectores de la revista Travel & Leisure, mientras que en 2020 la revista Condé Nast Traveler la nombró la mejor ciudad pequeña del mundo, por encima de localidades estadounidenses, canadienses, europeas y australianas.

La seguridad pública también es un factor en la toma de decisiones. El número de visitantes y emigrados —y la consecuente derrama económica— se incrementaría significativamente si los indicadores de seguridad mejoran y se garantiza la tranquilidad tanto de la población local, como de quienes han hecho de las ciudades mencionadas su hogar, estacional o permanente.

México y EU estamos mucho más integrados de lo que salta a la vista. En un cuarto de siglo transitamos del libre comercio a la producción compartida. Los trabajadores mexicanos son esenciales para la agricultura, la construcción y la asistencia a personas de la tercera edad en nuestro país vecino.

El Tratado México-EU-Canadá (T-MEC) debe dar paso a una siguiente etapa: transición hacia energías limpias, lucha conjunta contra el cambio climático, seguridad ciudadana a nivel regional, movilidad laboral regulada y coordinación frente a riesgos como las pandemias.

N.B.: El escenario descrito parece ingenuo o idílico frente a las amenazas a la democracia en EU y en México, vengan de donde vengan. Vaya desde aquí mi vehemente condena al asalto al Capitolio en Washington DC, y a quienes en México deliran con desplazar al presidente que ganó ampliamente el voto ciudadano en 2018. Empero, la concentración unipersonal del poder, sin contrapesos institucionales, podría paradójicamente pavimentar el camino para una opción autoritaria tipo Bolsonaro en 2024. Lo que toca hoy es fortalecer derechos y obligaciones de los ciudadanos y de la sociedad, para buscar el interés general en una democracia participativa.

 

Profesor asociado en el CIDE.
@Carlos_Tampico

 

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