¿Son compatibles la política de contención migratoria para impedir el paso de centroamericanos hacia EU y nuestra cooperación para el desarrollo con Guatemala, Honduras y El Salvador? Veamos algunos de los conceptos pertinentes a este debate:

1. Donald Trump, supremacista blanco. El Presidente de Estados Unidos ‘crea’ una crisis humanitaria en la frontera con México y a cada paso, maniobra para agravarla. Vive del conflicto. La necesita y quiere prolongarla hasta el 3 de noviembre de 2020, día de la elección presidencial estadounidense… ¡si es que él mismo llega a esa fecha como inquilino de la Casa Blanca!

2. La externalización de fronteras. Washington ha convertido a Guatemala, El Salvador, Honduras y México en salas de espera a donde los solicitantes de asilo son devueltos para esperar sus audiencias en EU. Además, un nuevo requisito para solicitar asilo a Washington es haber pedido asilo en un país de tránsito a EU, y que haya sido negado.

3. Los gobiernos de México y Centroamérica. Viven presionados por Trump, temerosos de contradecir al bully, alejándose de cualquier postura que piensen que lo pueda incomodar. Por ejemplo, los mexicanos inexplicablemente mantenemos una absurda distancia respecto de los dirigentes hispanos y Latinos de Estados Unidos.

4. Promesas incumplibles. Honduras, El Salvador y Guatemala y México carecen de las mínimas condiciones de ofrecer seguridad y ayuda humanitaria a solicitantes de asilo. Es una broma cruel pretender que cualquiera de nosotros pueda considerarse un país seguro.

5. Migración ordenada, legal y segura. Ni migrantes, ni solicitantes de refugio son prioridad para México. No dotamos a la Comar ni al INAMI del andamiaje institucional, administrativo, de personal y de recursos necesarios para cumplir con los procedimientos estipulados por nuestras propias leyes.

6. Plan de Desarrollo Integral. Es una gran iniciativa de acción pública de la CEPAL para incidir en procesos de transformación mediante la inversión física, social e institucional, gestionar de manera integral el ciclo migratorio del éxodo, el tránsito, la acogida y el retorno, y generar valor a cada paso, para hacer a nuestras sociedades más resilientes y a nuestros países más habitables.

7. Mayor integración para negocios más rentables. Me impresiona que desde hace más de cinco años nos han devuelto a decenas de miles de jóvenes Dreamers, ya formados, que hablan inglés y entienden bien el mundo de los negocios en EU, y no tenemos una estrategia para que aquellos que deseen integrarse puedan hacerlo. Necesitamos desarrollar una política de integración de los migrantes deportados

8. La defensa de los defensores. Antes que unirse en la construcción de una cultura de paz que fortalezca la seguridad humana, con alarmante frecuencia los gobiernos descalifican a los defensores. Se hostiga la labor de curas y hermanas que en los albergues dan la cara por los perseguidos. Destaca, entre todos estos desafíos, el imperativo de trabajar la integración en México de tantos mexicanos que han sido y serán deportados.

9. Política de alianzas. ¿Qué recursos podemos movilizar, a qué socios podemos invitar, cómo vamos a abordar la creciente xenofobia de nuestras sociedades?

10. Nuestra propia agenda. De manera apenas perceptible, se está produciendo un viraje: organismos de iglesias, sociedad civil, academia, fundaciones, etc. ya no esperan nada de los gobiernos, porque en su pragmatismo político los Estados nacionales usan a los migrantes y solicitantes de refugio como fichas desechables. Es la hora de construir de manera conjunta, desde Honduras hasta EU, pasando por El Salvador, Guatemala y México, una agenda regional y una visión común de largo plazo motivada por los mismos principios y valores. Es la hora de la dignidad.



Profesor asociado en el CIDE
@ Carlos_Tampico

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