Las apuestas geopolíticas de Washington y Beijing no podrían ser más contrastantes.
El 4 de abril de 2026, Donald Trump amenazó con aniquilar a Irán y desaparecer de la faz de la tierra a la civilización persa, ‘para que nunca vuelva a existir’.
En los últimos veinte años, Estados Unidos ha realizado ataques con bombas, drones o misiles a diez países: Afganistán, Irak, Irán, Libia, Nigeria, Pakistán, Siria, Somalia, Venezuela, Yemen.
El 6 de abril, el gobierno de Pakistán anunció que Washington y Teherán sostendrían conversaciones de paz en Islamabad. Detrás de este cese el fuego estuvo la diplomacia discreta, pragmática y paciente de China, que dejó a Pakistán tomar el protagonismo. En 2023, Beijing logró el acercamiento entre Teherán y Riyadh.
En las dos últimas décadas, China pasó de ser el principal socio comercial de 10 a 120 países. Asimismo, en el marco de la iniciativa ‘La franja y la ruta’, a partir de 2013 China ha edificado puertos, aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, estadios deportivos, desde Nicaragua hasta Nepal y de Costa de Marfil a Cambodia.
La política exterior de China y su estrategia geopolítica empiezan con los vecinos. Xi Jinping y Vladimir Putin se encuentran con frecuencia y mantienen un nutrido sistema de cooperación.
Estas dos superpotencias se coordinan como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Impulsan la Organización de Cooperación de Shanghái, una alianza eurasiática para promover la estabilidad regional, establecida en 1996 por China, India, Kazajistán, Kirguistán, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán, a los que se sumaron recientemente Irán y Belarus.
A raíz de la imposición de aranceles por parte del gobierno de Trump, el gobierno del primer ministro Narendra Modi, que ha sido aliado de Washington, se ha acercado paulatinamente a Moscú y a Beijing. Los BRICS, promovidos por Rusia, India y China, buscan mayor influencia geopolítica y económica; representan más de 40% de la población mundial y cerca del 40% del PIB global.
China también ha construido amplios y diversos vínculos con las mayores economías de Occidente. Los diez países que recibieron mayor inversión extranjera directa china entre 2005 y 2025 fueron: Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Brasil, Suiza, Canadá, Alemania, Indonesia, Singapur y Francia.
En marcado contraste, Estados Unidos ha amenazado a Canadá con convertirla en el estado 51 de la Unión Americana, y a México, con ‘perseguir con fuerzas militares a los cárteles del narcotráfico’ en territorio mexicano. A Dinamarca y Groenlandia, con apropiarse de esta última para controlar sus minerales críticos y capitalizar su posición geográfica envidiable, en los cruces de las nuevas rutas marítimas que el deshielo está abriendo.
Tampoco es que China sea una Hermana de la Caridad. Beijing tiene sus intereses y se mueve en función de ellos. En un curioso desplazamiento de roles, la más importante revista económica y financiera del mundo, la británica The Economist ha llamado a los chinos ‘los nuevos colonialistas’.
China no tiene prisa. Beijing está en el juego largo, no en la estridencia mediática. Le dice con parsimonia a Washington: tú no eres quien dices ser (un estadista que construye un nuevo orden), y nosotros no somos quien crees que somos (una amenaza a la paz mundial).
Profesor asociado en el CIDE. @Carlos_Tampico
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