“Contendimos contra criminales, no contra partidos políticos", me comentaron varios de los candidatos de la oposición a propósito de las elecciones en Honduras el 28 de noviembre de 2021.

La participación cercana al 70 por ciento, y la gran ventaja de Xiomara Castro, del partido Libertad y Refundación (LIBRE) —53 por ciento de los sufragios frente a 34 de Nasry Asfura Zablah, del Partido Nacional— disiparon el fantasma del fraude.

“Uno de los factores que caracterizaba el contexto electoral era la desconfianza ciudadana en la institucionalidad. Había una especie de depresión colectiva que nos llevaba a pensar que la gente había renunciado a seguir utilizando el mecanismo del voto como una forma de presentar, sobre la mesa, su voluntad”, dijo el abogado Joaquín Mejía, integrante del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC-Radio Progreso https://bit.ly/3xQfA6X, obra social de los jesuitas en El Progreso, departamento de Yoro.

En Honduras siempre hay que preguntarse qué papel ha jugado Estados Unidos, que no es un factor externo, sino un actor interno en la política hondureña.

En 2009 el presidente Mel Zelaya fue derrocado por un golpe de Estado que, si no fue auspiciado por Washington, al menos sí fue tolerado por el gobierno del presidente Obama. En 2017 el gobierno de Trump apoyó la reelección fraudulenta de Juan Orlando Hernández (JOH), cuyas alianzas con los cárteles locales eran ya conocidas.

Hoy, a punta de votos, los electores han dado su confianza mayoritariamente a Iris Xiomara Castro Sarmiento. Ella nació el 30 de septiembre de 1959 en Tegucigalpa. Fue primera dama entre 2006 y 2009, hasta el derrocamiento de Zelaya.

LIBRE tiene entre sus filas a dirigentes campesinos, ambientalistas y a militantes de izquierda, aunque su política de alianzas sumó a dirigentes ubicados más al centro del espectro político. El vicepresidente será Salvador Nasrallah, quien probablemente ganó las elecciones en 2017.

Honduras debe retornar al orden democrático, porque los últimos doce años el Estado estuvo secuestrado por una pandilla de criminales.

“Estamos retomando las riendas de lo político”, dice el filósofo, escritor y analista hondureño Rossel Montes, “para activar los mecanismos sociales y económicos que atiendan la sangría migratoria que vive Honduras”.

La gran pregunta es cómo darle gobernabilidad a la victoria.

En su libro El gran fracaso: 150 años de capitalismo ineficiente, concentrador y excluyente en Centroamérica (F&G Editores, 2021) el economista salvadoreño Alexander Segovia apunta: El problema es político. Es preciso que el Estado actúe a favor de la sociedad en la construcción de: i) Economías productivas; ii) Progreso social para las mayorías; iii) Apuntalamiento de la democracia; iv) Cuidar a la naturaleza es cuidar a las personas. En resumen, hacer de Honduras un país habitable para vivir una vida digna y en paz.

A los condenados de la tierra en Honduras, aquellos que no tienen nada que perder, no los detuvo el miedo, ni la propaganda falsa, ni la compra de votos. En el bicentenario de la independencia, votaron por sí mismos en la persona de Xiomara. Tras largos años de espera festejan en todo lo alto, pero hoy su grito de júbilo va acompañado de una advertencia ciudadana: “¡no nos fallen!”, escribe Leticia Salomón en el portal de Radio Progreso.

Profesor asociado en el CIDE.
@Carlos_Tampico

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