La contribución de los jesuitas a las ciencias durante el llamado “Siglo de las Luces” no sólo se redujo a las Matemáticas y la Astronomía. “La obra científica de los jesuitas, agrupada bajo la Física, registra numerosas obras de física general, física molecular, óptica, luz, calor, acústica, electricidad y sismología y otra, bajo el título de ciencias naturales, incluye botánica, geología, paleontología y zoología” (cfr. “El Código Educativo de la Compañía de Jesús”, Ernesto Meneses, S.J., IBERO, 1988).

Del amplio espectro de su actividad científica dieron cuenta tanto una publicación de la “Royal Society” (se le considera la academia científica más antigua del mundo, fundada por el rey Carlos II en el Reino Unido,en 1662), como Carl Sommervogel en su obra “Biblioteca de Escritores de la Compañía de Jesús”; la primera registra referencias a 45 jesuitas, entre 1665 y 1715, en tanto que la segunda, 56 títulos de obras sobre astronomía general publicadas en el siglo XVII y otras 76 en el siglo XVIII.

Otro hecho que indica versatilidad de avanzada de los jesuitas no sólo en las ciencias sino, también, en las artes, fue la publicación en Francia de las “Memorias para la historia de las ciencias y de las bellas artes”, conocidas como “Mémoires de Trevoux”, revista mensual de la que se publicaron 267 volúmenes entre 1701 y 1767, fecha esta última de la expulsión de los jesuitas de dicho país y que constituye un puente que cierra la brecha entre el movimiento ilustrado y la fe católica. Por su parte, el editor jesuita Guillaume Berthier daba la bienvenida a la publicación de la “Encyclopédie” (1751) sugiriendo a sus editores que indicaran sus fuentes y usaran comillas al citar otras obras, apoyando “el método experimental en la ciencia, la curiosidad intelectual y la idea del progreso en la sociedad humana. El jesuita trabajaba por un entendimiento con los intelectuales de la época”.

Pero los jesuitas no sólo contribuyeron en lo individual al progreso científico, sino de manera colectiva. El caso más relevante lo ofrece España, donde abrieron en Madrid, en 1623 y con el apoyo económico de Felipe IV, un “Estudio General” (universidad) con un ambicioso programa de 23 cursos, 17 de ellos insólitos para su tiempo. Aunque la respuesta de la población no fue la que se esperaba y dicho Estudio tuvo que cerrar 10 años después, Felipe III concedió a los colegios jesuíticos, distantes 70 leguas de una universidad, el privilegio de conferir grados de bachiller, licenciado y doctor. “La real concesión testificaba abiertamente que los Estudios de los jesuitas estaban a la par de los de las universidades”.

Por otra parte, en lo tocante a su notable influjo en la formación de grandes escritores nacionales a lo largo de los siglos XVII y XVIII, dan testimonio alumnos de los jesuitas como, en Francia, Pierre Corneille, Jacques B. Bousset, George L. Leclerc (conde de Buffon), René Descartes, Bernard Le Bovier de Fontenelle, Francois de Malherbe, Honoré de Balzac y Moliere; en Italia, Ludovico Antonio Muratori, Torcuato Tasso, Carlos Goldoni y Galileo Galilei; y, en España, Miguel de Cervantes Saavedra y Pedro Calderón de la Barca.

N.B. Una especial felicitación a la Cátedra A.G. Leventis-Anáhuac en estudios de Chipre encabezada por la Dra. Luisa Calero, por haber obtenido el reconocimiento en la categoría de “Cátedra de Investigación”, en el Encuentro Empresarial Anáhuac 2026.

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