Estimado e Inolvidable 2 de Octubre: ¡Qué rápido han pasado estos 51 años! ¡Qué bárbaro! Todavía me acuerdo de todo lo acontecido durante esos días como si fuera ayer.

Me acuerdo que iba en el tercer año de la carrera de Ciencias y Técnicas de la Información hoy mejor conocida como Ciencias de la Comunicación. Estudiaba en la Universidad Iberoamericana —orgullosamente, la universidad más FIFí de México. Y me acuerdo perfectamente bien que un grupo de mi clase y yo estábamos filmando a la afueras de nuestra universidad un documental para nuestro examen de cine. Cuando de repente unos estudiantes de leyes de la UNAM, se paran a la mitad de la calle para cuestionarnos lo que estábamos filmando. Les contestamos, y como perdonavidas se fueron no sin antes ordenarnos que teníamos que ir a la manifestación el 2 de Octubre en la Plaza de las Tres Culturas.

Por supuesto que los mandamos al diablo y no fuimos. Nuestra posición era que nosotros no éramos borregos de nadie. Y por convicción, no fuimos. Tres días después, ya saben lo que pasó. Una tragedia y una desgracia. Y como estoy redactando mi carta antes de la marcha conmemorativa, no sé cómo terminó.

Sin embargo, mi querido 2 de Octubre, te tengo que platicar la anécdota que me pasó ayer por la mañana:

Fui a un hotel del centro a recoger a mis dos escritores de mi primera película que voy a dirigir y producir con mis hijos. Íbamos rumbo a la agencia cuando los dos escritores me preguntaron por qué había tantas bardas de aluminio sobre las calles.

Les contesté que era para proteger a los comercios de los bandoleros anarquistas que les encanta destruir todo lo que se les pone enfrente en cualquier manifestación.

Como no entendieron, me preguntaron ingenuamente... “¿Acaso no tienen policías?”.

Les dije que sí, pero no. No me entendieron… Luego les expliqué que 12 mil burócratas se iban a uniformar de blanco e iban a formar un cordón de paz a lo largo de la marcha aunque no quieran. Y que si no iban, los iban a correr sin indemnización.

Uno de ellos me preguntó: “¿No tienen tanques de agua?”. Sí, pero no, le contesté. “¿Están en guerra?” ¡Claro que no! “¿Entonces por qué los visten de blanco y los llaman Cordón de Paz en lugar de usar a sus policías?”

¡Ah!, les contesté. ¡Muy fácil! El Presidente les advirtió a estos anarquistas que si se portaban mal, los iba acusar con sus mamás.

“¡What!?????”, exclamaron los 2.

Les juro que así está el rollo.

“¿Y quiénes son los que van a marchar?”. Les dije que jóvenes universitarios y algunos que otros no tan jóvenes que vivieron la masacre.

Y entonces me volvieron a preguntar: “¿por qué los jovencitos marchan si ni siquiera estuvieron?”

Mi única respuesta fue…. supongo que para molestar. Imagínense que cuando fue la masacre, nuestro presidente tenía ¡15 años! Y la jefa de gobierno ¡6!

Y a pesar de no haber ido a la marcha al igual que todos los intelectuales de 40 años o menos de la izquierda, creen que saben lo que pasó cuando en realidad no tienen la más remota idea de la historia original. Como por ejemplo que Elena Poniatowska le robó un libro que escribió un preso político y lo firmó como de ella. Cuando para el colmo, ¡NUNCA fue a esa manifestación!

Finalmente, llegamos a la agencia y cuando les empecé a explicar sobre el Ejército y la Guardia Nacional, sacaron un chubi y me dijeron: “¿Y si mejor hacemos esta película? Sería una de ficción ¡fantástica!”

Mi respuesta fue muy escueta… El público no nos creería…

eluniversal@alazraki.com.mx

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