Por Pedro Martínez
El bloqueo criminal a la ayuda humanitaria mexicana de petróleo a Cuba deja claro una vez más que Trump no quiere socios sino súbditos, hegemonizando el hemisferio, con fuertes debilidades: las economías de sus principales aliados contraídas, el dólar debilitándose, la especulación y fuertes inversiones en inteligencia artificial avizorando colapso financiero, la perdida disputa comercial con los BRICS, además de la resistencia social de los pueblos y de sus propios ciudadanos organizando el paro nacional y la suspensión del mundial de futbol, donde el mensaje multicultural del superbowl es una bofetada en plena boca, perdiendo terreno electoral hacia 2026, avanzando el frente antiimperialista y antifascista convocado en Porto Alegre, Brasil.
En Davos, Mark Carney, ministro de Canadá alude la ruptura del orden mundial y asume cínicamente que aprovecharon la hegemonía estadounidense siendo omisos a su barbarie y hoy “que ya no forman parte de la mesa sino del menú” convocan a unir potencias medias, sin reflexionar sobre el monstruo engendrado ni deslindarse de la OTAN, la alianza militar imperialista con EU para invadir y someter naciones. En tanto, los pueblos empujan para derrotar este brote fascista y por un nuevo orden priorizando globalización equitativa con soberanía popular desplazando poder económico-financiero, redistribuyendo riqueza y armonizando producción con entorno ecológico.
En México la respuesta diplomática es insuficiente ante la agresión cotidiana trumpista y su estrategia de chantajear con aranceles para imponer acuerdos, debilitar al gobierno actual y sembrar condiciones para asumir el control del país bajo la amenaza persistente de invadirnos so pretexto del narco —aunque son ellos quienes los arman y se benefician del lavado de dinero criminal—. El peligro es inminente, van por nuestra soberanía, derechos constitucionales establecidos y por los recién adquiridos. Imponer la ultraderecha significa décadas de retroceso, está en riesgo el empleo formal, pero también los apoyos sociales a la precariedad familiar. Todos patrióticamente asumiremos la defensa de la nación.
Nuestra dependiente economía, estancada la manufactura un año y desplomándose el empleo formal —hoy la microempresa familiar genera 5 de cada 10 empleos—, indican la insuficiencia de un gasto con acento social e infraestructura pero limitado para promover desarrollo tecnológico e industrialización propia. Al chantaje económico militar, opondremos la resistencia obrera aquí y allende la frontera y la movilización soberana. Para ello debemos vencer la desarticulación, pues la administración vigente apostó a una política de protección social del ingreso familiar y del empleo precario, generando consenso pero no organización, manteniendo viejos controles corporativos priistas, en tanto, Morena es una entelequia burocratizada repartiendo candidaturas a la antigua clase política.
La respuesta popular provendrá del territorio demandando derrotar la asonada neofascista, defender la soberanía y la agenda obrera por mejores salarios, empleo formal y seguridad social. El reto es optar por un frente ideologizado u otro que organice a los trabajadores y sus familias, superar el dogmatismo y discurso de autoconsumo e impedir penetre la ultraderecha mundial atenta a la traición y oportunismo político.
Integrante del Centro de Análisis de Coyuntura, Económica, Política y Social (CACEPS). caceps@gmail.com

